El bolÃvar: de sÃmbolo nacional a crisis de identidad, por Rafael A. Sanabria M.
El bolÃvar: de sÃmbolo nacional a crisis de identidad, por Rafael A. Sanabria M.
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El pasado 31 de marzo, la historiografÃa económica de Venezuela conmemoró un hito fundacional: el aniversario de la Ley de Monedas de 1879. Bajo el mandato de Antonio Guzmán Blanco, este decreto fue una pieza arquitectónica del Estado-Nación liberal que buscaba amalgamar la identidad patria con el orden financiero.
Al instaurar el bolÃvar, se logró erradicar la anarquÃa de un circulante compuesto por macuquinas y divisas extranjeras, anclando el orgullo nacional a una moneda con la efigie del Libertador. Con este paso, el bolÃvar nació como un tótem de soberanÃa que proyectaba a una Venezuela moderna ante el mundo.
Ante la ambición de aquel proyecto, cabe preguntarse desde la praxis académica: ¿Es la moneda un mero instrumento de cambio o el contrato social más tangible que vincula emocionalmente al ciudadano con su Estado?.
Tras su creación, el bolÃvar transitó el siglo XX con una estabilidad inusual. La robustez alcanzada con la creación del Banco Central de Venezuela (BCV) en 1939 cimentó la idea de una moneda «invencible».
Tras su creación, el bolÃvar transitó el siglo XX con una estabilidad inusual. La robustez alcanzada con la creación del Banco Central de Venezuela (BCV) en 1939 cimentó la idea de una moneda «invencible».
Durante décadas, la paridad de 3,35 Bs/$ fue un certificado de estatus que alimentaba un profundo sentido de pertenencia. Sin embargo, esta solidez descansaba sobre el rentismo petrolero, creando una ilusión de invulnerabilidad que debilitaba silenciosamente el aparato productivo interno.
Surge entonces la interrogante: ¿Era aquel apego una confianza real en las instituciones o un idilio circunstancial con la abundancia?
El quiebre de este paradigma en 1983 inició un trauma psicológico colectivo. En las últimas dos décadas, la pérdida de autonomÃa del ente emisor y la hiperinflación despojaron al bolÃvar de su carga mÃstica.
Las tres reconversiones monetarias, que suprimieron 14 ceros, representan lo que el investigador define como la «desmonetización del sentimiento»: el ciudadano dejó de hallar en el bolÃvar un refugio para percibirlo como una carga transaccional. La dolarización de facto es la evidencia empÃrica de que el lazo emocional se ha fracturado.
Las tres reconversiones monetarias, que suprimieron 14 ceros, representan lo que el investigador define como la «desmonetización del sentimiento»: el ciudadano dejó de hallar en el bolÃvar un refugio para percibirlo como una carga transaccional. La dolarización de facto es la evidencia empÃrica de que el lazo emocional se ha fracturado.
¿Qué resta de la soberanÃa cuando el signo que porta el nombre del Libertador pierde sus funciones básicas y es desplazado por divisas extranjeras?
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Hoy, al observar el devenir del bolÃvar desde 1879, el análisis académico enfrenta una paradoja: una moneda vigente en la ley pero desplazada en la confianza social. Recuperar su esencia requiere reconstruir la seguridad jurÃdica y la disciplina fiscal.
El reciente aniversario de su creación debe servir para comprender que una moneda fuerte no es producto de un decreto, sino de la integridad de un Estado que honre la promesa de valor contraÃda hace más de un siglo.
Rafael Antonio Sanabria MartÃnez es profesor. Cronista de El Consejo (Aragua).
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