A tres meses del 3 de enero, ¿dónde estamos y hacia dónde vamos?, por Gonzalo González
A tres meses del 3 de enero, ¿dónde estamos y hacia dónde vamos?, por Gonzalo González
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Los inéditos acontecimientos del 3 de enero han supuesto un barajo dramático de la situación polÃtica del paÃs. De entrada, han dinamitado el statu quo imperante, en el cual el «terrorismo de Estado» habÃa logrado configurar un escenario de dominación de improbable reversión –en el corto y mediano plazo– por parte de las fuerzas democráticas que representan los amplÃsimos deseos de transformación polÃtica de la sociedad; y en consecuencia abierto una ventana de oportunidad en ese sentido.
Otro aspecto positivo de la nueva realidad es que parece haberse conjurado la deriva hacia la cubanización (a la venezolana) de la nación. Hay un nuevo actor en el acontecer polÃtico nacional: EEUU. Lo relevante es que el nuevo actor emerge en rol de hegemón, de factor decisivo en los desarrollos presentes y futuros del paÃs por tiempo indefinido; lo cual lesiona la condición soberana del Estado nacional.
Intervención determinada básicamente por sus intereses y objetivos geopolÃticos del presente –esto es importante tenerlo claro y de que no siempre coincidirá con los de la mayorÃa que desea el cambio polÃtico, en particular en el manejo de los tiempos–. El hegemón ha impuesto un plan cuyo objetivo es la normalización de la situación venezolana con la aplicación de un plan de tres fases: 1. Estabilización 2. Recuperación económica 3. Transición democrática.
Y ha encargado a quienes sabemos para gestionarlo. Decisión que concitó la sorpresa y desencanto de la mayorÃa sociopolÃtica que esperaba otra cosa. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero es lo que hay. El realismo polÃtico aconseja que con él hay que remar hasta lograr la definitiva sustitución del régimen chavista.
El Rodrigato no es un gobierno soberano, es una especie de CapitanÃa General o administración delegada porque sus decisiones están o directamente dictadas por EEUU o sujetas a su conformidad. Por tanto, su estatus de gobierno es ilegal e ilegÃtimo tanto de origen como de gestión. Este chavo-rodriguismo sigue siendo rechazado por una abrumadora mayorÃa de la sociedad.
Además, no se ha producido la apertura polÃtica que permitirÃa poder decir que estamos en un proceso real de transición hacia la vigencia efectiva de la Constitución. Con el agravante de que la situación socioeconómica de la sociedad sigue cuesta abajo. Sin embargo, cuentan con el respaldo, por ahora, del hegemón que lo considera necesario para desarrollar su plan.
Mientras los EEUU siga lidiando con situaciones sobrevenidas de mucho calado en la esfera internacional, estos aprovechan para consolidar su poder interno con el objetivo de solidificar las condiciones para su continuismo, aún a costa de terminar de arriar las banderas residuales del proyecto chavista. Porque es claro que ni Chávez vive ni Maduro regresa.
Mientras los EEUU siga lidiando con situaciones sobrevenidas de mucho calado en la esfera internacional, estos aprovechan para consolidar su poder interno con el objetivo de solidificar las condiciones para su continuismo, aún a costa de terminar de arriar las banderas residuales del proyecto chavista. Porque es claro que ni Chávez vive ni Maduro regresa.
En la administración Trump, parecen convivir dos sectores con criterios distintos sobre la deriva de Venezuela. Uno inclinado al transaccionalismo económico –muy influido por el lobby petrolero– y que no tiene problemas con que se reproduzca el actual statu quo venezolano, siempre y cuando el Rodrigato siga sumiso y complaciente como hasta ahora.
El otro, es más propenso a una mirada más compleja. Perspectiva que valora y parece comprender que los intereses tanto geopolÃticos como reputacionales de EEUU estarÃan más garantizados desde el punto de vista sistémico por un régimen con legitimidad de origen y de gestión que solo es posible si proviene de la voluntad libremente expresada y respetada de la soberanÃa popular.
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En este escenario complejo, corresponde a los sectores democráticos contribuir a que la ventana de oportunidad, que mencionamos al comienzo, se abra en toda su extensión. Lo cual supone presionar desde la movilización ciudadana en ese sentido, lo cual ha empezado a suceder con las limitaciones del caso. Asà como también, tratar de influir en los sectores de poder institucionales y en la opinión pública de EEUU.
Hace unos dÃas, Marco Rubio declaró que se estaba en la segunda fase del plan sobre Venezuela, lo que hace pensar que está sometido a una presión considerable al respecto. Toca entonces, desde aquÃ, hacer todo el esfuerzo necesario para apurar el comienzo de la tercera fase.
Gonzalo González es politólogo. Fue diputado al Congreso Nacional.
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