La pregunta, por Fernando RodrÃguez
La pregunta, por Fernando RodrÃguez
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Algunos analistas se han puesto a trabajar sobre los conceptos capitales que conforman el verdadero nudo central de nuestro kafkiano presente polÃtico: la transición.
Yo me atreverÃa a tratar de agregar al asunto un matiz metodológico que me parece importante. Más ideológico. Si a ver vamos, al menos en lo que hemos leÃdo, esos análisis son mayormente estratégicos, cómo se hace o no se hace para arribar a la meta a la cual la mayorÃa quiere llegar, y que podrÃamos denominar en términos abstractos, democracia. O soberanÃa. O Constitución.
Pero resulta que a estos elementos que podrÃamos considerar como un enfrentamiento entre dictadura y democracia, tan propias de estos lados, hay que agregar una forma distinta dada la original presencia norteamericana en el escenario venezolano actual.
En la historia latinoamericana, con alguna excepción, Norteamérica ha participado trascorrales en casi todas esas fracturas históricas, llamémoslas golpes o contragolpes, como lo hacemos familiarmente. Por supuesto hay una historia de estos eventos y variantes en sus puestas en escena, pero eso es para un tratado, no un artÃculo.
Lo que queremos subrayar es solo que lo que ha pasado en Venezuela estos últimos meses no tiene prácticamente antecedentes teatrales ni en los más espectaculares momentos de la historia de las repúblicas hispanoamericanas.
Ha habido crueldades mayores, los 30.000 muertos de Argentina verbigracia. O similares en cuanto intromisión de los marines en el territorio ajeno, Noriega claro. República Dominicana, dos veces. Pero todo el esplendor de la puesta en escena de la visita de Trump a nuestro paÃs, nunca.
Ha habido crueldades mayores, los 30.000 muertos de Argentina verbigracia. O similares en cuanto intromisión de los marines en el territorio ajeno, Noriega claro. República Dominicana, dos veces. Pero todo el esplendor de la puesta en escena de la visita de Trump a nuestro paÃs, nunca.
La flota rodeando el paÃs durante meses, el bombardeo de Caracas y el rapto de la pareja presidencial. Habernos convertido verbalmente en el más infernal de los paÃses, para luego amar a la tiranÃa renovada. En fin, no repetiremos lo que ya es del dominio de todos.
Lo que hay de más curioso, incluso, no es lo más aparatoso sino una especie de tránsito en que el que derroca la tiranÃa, de casi treinta años y que demolió literalmente el paÃs, se asocia con ella, una pareja idÃlica y que podrÃa amenazar ser una unión para mucho tiempo.
La «explicación» de esta paradoja es verosÃmil, no la pasión, derrocar la tiranÃa para luego aliarse fraternalmente con ella para evitar alguna forma de caos y dedicarse a ensalzarla y a mantener viva la esencia de su estructura criminal que se identifica con la paz.
Y hasta hoy lo ha sido efectivamente, esta es la tierra del silencio y de los amores de Donald, probablemente su única victoria entre sus delirios guerreros que lo han dejado malherido y en bancarrota electoral. Además de que su narcisismo y sus desajustes mentales lo han hecho el hazmerreÃr planetario.
*Lea también: Sin justicia no hay transición, por Leopoldo MartÃnez Nucete
Pero para nosotros, venezolanos, queda una pregunta, la pregunta. Es realmente este silencio y la feliz asociación petrolera –no hay que ser marxista para ver la importancia de ésta en la felicidad conyugal– nuestro prolongado futuro.
O realmente es una forma de tránsito inédita y quién quita que memorable de una mente enferma y podremos disfrutar de alguna dosis de libertad antes de asfixiarnos definitivamente. ¿Se prolongará la sucesora del tirano preso o se contarán sana y exactamente los votos de julio del veinticuatro de julio? Yo no lo sé.
O realmente es una forma de tránsito inédita y quién quita que memorable de una mente enferma y podremos disfrutar de alguna dosis de libertad antes de asfixiarnos definitivamente. ¿Se prolongará la sucesora del tirano preso o se contarán sana y exactamente los votos de julio del veinticuatro de julio? Yo no lo sé.
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