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La predisposición fascista, por Fernando Mires

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15.05.2026

La predisposición fascista, por Fernando Mires

Roosevelt: «me atrevo a afirmar que si la democracia americana deja de progresar como una fuerza viva, intentando mejorar día y noche con medios pacíficos las condiciones de nuestros ciudadanos, la fuerza del fascismo crecerá en nuestro país» (4 de noviembre de 1938)

Putin, un dictador acosado por los vendavales que él mismo ha desatado, ha buscado convertir con una pomposa parada militar al aniversario de la derrota del nazismo alemán, en un símbolo populista que otorgue legitimación a la que él – de todos los mandatarios del mundo el que más tiene similitudes psíquicas y políticas con Hitler – imagina como una guerra destinada a librar en contra del «fascismo» representado en la invadida Ucrania y en la, por Rusia, amenazada Europa.

Probablemente el asesino presidente se considera a sí mismo como una encarnación de la guerra en contra del fascismo mundial y no como el imperialista decimonónico que objetivamente es. En ese proyecto, Putin no está solo. Como para la mayoría de los dictadores de nuestro tiempo, los «fascistas» son «los otros». De este modo, el término fascismo ha sido descontextualizado, es decir des–historizado, hasta ser convertido en una ignominia usada para denigrar al adversario, sea este quien sea.

Ese fenómeno puede llevar a preguntarnos si en verdad existió y existe el fascismo o solo fue una creación ideológica de las dictaduras y de sus seguidores. Para contestar esa pregunta, podemos partir de un hecho incontrovertible. El fascismo puede que no exista tal como ayer, pero de existir, existió. El fascismo fue un hecho y un periodo histórico a la vez y, como tal, obedece a las condiciones de espacio y tiempo que primaban en la Europa de los años treinta y cuarenta.

En su versión originaria italiana y nazi–alemana fue un movimiento de masas articulado en torno a una figura mesiánica, nacionalista, expansiva y militarista, surgida como respuesta a una profunda crisis económica en las llamadas sociedades industriales y que políticamente pretendió erigerse como respuesta nacionalista al internacionalismo propagado por la Rusia stalinista, es decir, como una reacción al imperialismo comunista (en ese último punto no hay como contradecir al destacado historiador alemán Ernst Nolte, tan criticado por sus contemporáneos, sobre todo por Habermas).

A ese fascismo originario podemos llamarlo también fascismo histórico. La pregunta obvia es si ese fenómeno puede repetirse más allá del contexto histórico de donde emergió. Y bien, justo en ese punto se dividen las opiniones. A un lado están los que afirman que los fenómenos históricos, al serlos, son irrepetibles. Al otro, quienes afirman que, si bien los fenómenos históricos no son repetibles, hay características comunes que sí pueden repetirse en distintos periodos históricos.

A ese fascismo originario podemos llamarlo también fascismo histórico. La pregunta obvia es si ese fenómeno puede repetirse más allá del contexto histórico de donde emergió. Y bien, justo en ese punto se dividen las opiniones. A un lado están los que afirman que los fenómenos históricos, al serlos, son irrepetibles. Al otro, quienes afirman que, si bien los fenómenos históricos no son repetibles, hay características comunes que sí pueden repetirse en distintos periodos históricos.

La pregunta entonces sería la siguiente: ¿es el fascismo un fenómeno histórico o uno suprahistórico? Puede incluso que no sea desafortunada la pregunta si también el estalinismo fue un fascismo adaptado a las condiciones de la atrasada Rusia. En su impronta nacionalista, imperialista, mesiánica, militarista, caudillista, el periodo estaliniano no tiene nada que envidiar al hitleriano, al mussoliniano y al franquista.

Incluso, el pacto de no agresión contraído por los regímenes nazi y soviético (1939) puede que haya sido también un acto de reconocimiento y atracción mutua como observó el historiador español Fernando Claudin. Por el lado soviético al menos, así lo fue. No Stalin, Hitler fue quien traicionó a ese pacto de no agresión que, en la práctica, estaba destinado a convertirse en un pacto de agresión a toda Europa.

Ahora bien, a partir de los tres fascismos considerados como originarios, los científicos sociales han construido diversas tipologías. Una de las más completas y, a la vez, más sugerentes, fue la elaborada por el escritor italiano Umberto Eco. Eco acuñó el concepto de Ur–fascismo utilizando el prefijo alemán Ur no encontrable ni traducible en otros idiomas. Ur significa en este caso, fascismo natural, prehistórico, originario, al que Eco y otros autores, han traducido como «fascismo eterno», es decir, un fascismo intemporal, no histórico, más bien antropológico, cuyos orígenes no se encuentran tanto en la historia moderna sino en la historia de la humanidad.

El ser humano, bajo el concepto de Ur–fascismo, aparece descrito por Eco como........

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