Las fantasÃas que vivimos, por Aglaya Kinzbruner
Las fantasÃas que vivimos, por Aglaya Kinzbruner
Créanlo o no, muchas de las acciones en que nos vemos involucrados parten de un constructo fantasioso más cercano a nuestros sueños que a la realidad.
Si el soñador en cuestión no tiene ningún poder, ni aparato propagandÃstico alguno o sea si es un Don Nadie, un Perdedor, sus fantasÃas no tendrán consecuencia alguna.
Tomemos el caso de Adolf Hitler, su padre nacido Alois Schicklgruber, fuera de una unión matrimonial con una mujer de servicio llamada MarÃa Schiklgruber; como Schicklgruber no hubiera llegado a ningún lado, adoptado luego por un señor Hiedler transformado por un notario analfabeta en Hitler.
Tomemos el caso de Adolf Hitler, su padre nacido Alois Schicklgruber, fuera de una unión matrimonial con una mujer de servicio llamada MarÃa Schiklgruber; como Schicklgruber no hubiera llegado a ningún lado, adoptado luego por un señor Hiedler transformado por un notario analfabeta en Hitler.
Como se ve el azar o el fatum pone su dedito pÃcaro en un sinfÃn de eventos. Sin el azar de su lado no se hubiera convertido en la figura más temida de Europa entre el ’33 y el ’45.
Sin embargo, algunas de sus teorÃas le proporcionaron entre los chascos más sonados de la historia. Su teorÃa de la raza superior aria – lo de ario no existe y el concepto de raza ha sido abandonado – pues ese concepto tenÃa que ser probado de forma pública y notoria.
Para eso se organizaron los juegos olÃmpicos de 1936. Los arios iban a........
