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El ataque a Irán: la teoría de juegos revela el caos calibrado de Rusia, el arbitraje estratégico de China y la fractura del eje eurasiático

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10.03.2026

Los Estados Unidos e Israel han lanzado una importante campaña militar contra Irán, atacando instalaciones nucleares, infraestructura de misiles, defensas aéreas y el alto mando. Esto no debería sorprender a nadie que entienda los imperativos del poder. Irán había alcanzado un umbral —la ruptura nuclear, combinada con una red en expansión de misiles y proxies— que ni Washington ni Jerusalén podían tolerar indefinidamente. Sin embargo, lo que esta guerra ilumina realmente es la debilidad estructural de la relación entre Rusia, China e Irán en la emergente Guerra Fría 2.0.

La geografía y la economía siguen dictando la estrategia. Irán controla el Estrecho de Ormuz, el punto de estrangulamiento por donde pasa aproximadamente el 20 % del comercio mundial de petróleo. Teherán ya ha intentado cerrarlo y ha lanzado misiles y drones contra Israel, bases estadounidenses y objetivos en el Golfo. Aun así, la supremacía naval estadounidense sigue siendo decisiva. Los grupos de portaaviones de EE. UU. y los ataques de precisión de largo alcance pueden mantener la vía navegable lo suficientemente operativa para los envíos críticos mientras desmantelan sistemáticamente las capacidades iraníes. La geografía de Irán le da una fuerte posición defensiva a corto plazo, pero no una posición ganadora frente a un control marítimo sostenido.

Este conflicto se desarrolla exactamente como predice el clásico “juego de disuasión por proxy del eje”. En términos de teoría de juegos, EE. UU. (con Israel como jugador avanzado) inició una campaña completa de degradación del régimen y operaciones sostenidas. Rusia y China enfrentaron entonces una elección simultánea: apoyo alto (intervención directa,........

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