Turistas y viajeros: ¿Sueño o pesadilla?
¡Hay que promover el turismo! Nos adoctrinaron como si fuera algo incuestionable. Pero, ¿en realidad es benéfico? y, de serlo, ¿para quién exactamente?
Tratar de visitar la Capilla Sixtina en verano en una marea masiva de individuos apretados sudando, o tratar de pedir indicaciones cuando te pierdes en Venecia con los “locales” (ya no hay casi personas que habiten permanentemente en Venecia) son dos indicadores que suenan como una alarma de que algo se ha salido de control.
Me han contado también, fuentes fidedignas, que las corridas de toros fueron eliminadas de Barcelona. Sí, por los protectores de animales, pero la verdad detrás de la prohibición es que no tuvieron oposición por los amantes de los toros. ¿Por qué? Porque se dice que no podían más con el turismo de Japón que había invadido las plazas de toros en Barcelona y por eso fue que aceptaron la prohibición de las corridas de toros sin resistencia alguna.
Me llamó mucho la atención descubrir que el turismo en Bután estaba restringido a 2 mil–3 mil personas al año (en los años noventa, cuando fui invitada por mi entonces socio Jorge Vergara). Me parecía entonces algo innecesariamente elitista y descabellado. Se exigía a los turistas consumos altos en paquetes preadquiridos y un impuesto de 200 a 250 USD diario solo por estar ahí de visita. Pero las dudas me surgieron especialmente en contraste con un viaje, en las mismas década, a Roma. El viaje fabuloso y exclusivo a Bután parecía una fantasía de inmersión total a una cultura exótica comparado con la económica pesadilla (financiada por mí misma) entre los ríos de turistas acalorados en Roma.
El viaje fabuloso y exclusivo a Bután parecía una fantasía de inmersión total a una cultura exótica comparado con la económica pesadilla (financiada por mí misma) entre los ríos de turistas acalorados en Roma.
Tener a una ciudad inundada de gente extraviada con back packs y poco dinero para gastar no es necesariamente benéfico ni para la economía del lugar, ni para la vida de los locales ni para la ecología ni tampoco para la reputación del lugar. Lejos de ser un barullo atractivo, el turismo pareciera en verano en Roma más bien una plaga que habría que evitar.
Bután ya ha abierto sus puertas desde la pandemia y recibe ahora alrededor de 250 mil turistas al año. Pero sigue con su política de exigir altos consumos y restringido los números de las entradas, siendo bajísimo el volumen si se compara con España que recibe 95 millones de turistas (o México que recibe 45 millones al año aprox.). Pero cuánto dinero gastan los turistas en sus visitas pareciera ser cada vez una pregunta mucho más pertinente que la cantidad de gente en cuestión, porque si comparamos el turismo en Madrid con el de Roma el día de hoy, por ejemplo, a la vista está una diferencia significativa en la cantidad de dinero que el turista promedio dejará en su viaje.
Más relevante aún me parece cuestionar ¿de qué le sirve el tour al turista? Porque ya no es tan evidente creo yo. Me pregunto si nos hemos quedado con la idea romántica y elegante del viaje, la idea de “El Grand Tour” que tuvo su auge en el siglo XVIII, en el que el aristócrata europeo joven dedicaba de 2 a 5 años a viajar por Europa para cultivarse y aprender idiomas. Puede ser también que nos haya influido la idea más moderna del espíritu de los existencialistas de Post-guerra. La fascinación de los artistas “Brut” franceses por Marruecos y el mundo árabe, como Jean Dubuffet por ejemplo, que fantaseaba con lo exótico; o la idea de la aventura de la Generación Beat de los americanos y el “road trip” como en el libro “On the Road” de Jack Kerouac. No cabe duda que ya no es posible fantasear que somos Audrey Hepburn en la icónica película de 1953 “Roman Holiday”, en el que nos podríamos perder en Roma y accidentalmente hacernos amigos de Gregory Peck.
Yo creo que ese........
