Venezuela: la dictadura que el mundo decidió tolerar
Venezuela volvió a sorprender al mundo, aunque en realidad lo que hizo fue confirmar una verdad incómoda: las dictaduras no siempre caen por la fuerza ni por la presión internacional; muchas veces sobreviven porque el mundo aprende a convivir con ellas. Nicolás Maduro se mantuvo firme hasta donde le fue posible, Delcy Rodríguez apareció como presidenta interina en una jugada quirúrgica y Estados Unidos emitió advertencias que combinaron diplomacia, amenaza y cálculo estratégico. Lo que parecía un golpe de autoridad terminó revelando algo más complejo: una estrategia de supervivencia política donde la imagen, el simbolismo y hasta el ridículo público jugaron un papel que no debe subestimarse.
Porque sí, en Washington comenzó a circular una lectura que pocos se atreven a decir en voz alta, pero que resulta reveladora: los bailes de Maduro, sus apariciones festivas en medio de la tragedia venezolana, habrían sido un factor que influyó en la decisión de Donald Trump de endurecer su postura y avanzar hacia una acción más directa. No fue un detalle menor. En la lógica de Trump, profundamente mediática y personalista, ver a un líder autoritario bailar, cantar y celebrar mientras su país se hundía terminó por cruzar una línea simbólica. No era solo una provocación política; era una burla que dañaba la narrativa de control y respeto que Estados Unidos buscaba imponer.
Antes de aceptar la versión simplificada del ataque como una respuesta estratégica pura, conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿estamos ante una derrota del régimen venezolano o ante una derrota del mundo que decidió tolerarlo demasiado tiempo, hasta que el hartazgo........





















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