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Trump quiere quedarse con Ormuz... Y la guerra ya le cobra factura

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16.08.2026

Donald Trump ya quiere repartirse el botín de una guerra que todavía no ha ganado. Proclama que Estados Unidos tiene el “control total” del estrecho de Ormuz y hasta insinúa que, terminado el conflicto, podría quedárselo o convertirlo en territorio estadounidense, como si una de las arterias marítimas más importantes del planeta pudiera incorporarse al inventario de Washington por derecho de conquista. Pero la realidad arruina la fotografía triunfal: Irán no se ha rendido, Ormuz sigue sin funcionar normalmente, no existe un acuerdo de paz y los estadounidenses empiezan a pagar la guerra en el lugar que más duele, su bolsillo. Trump habla de victoria; las familias ven gasolina, alimentos, transporte y servicios cada vez más caros.

Ésa es la gran contradicción del momento. Estados Unidos ha demostrado una superioridad militar incuestionable, ha golpeado severamente instalaciones y capacidades iraníes y mantiene una formidable presión naval, económica y tecnológica sobre Teherán. Nadie sensato puede colocar en un mismo plano las capacidades bélicas de ambos países. Pero ganar batallas no equivale a ganar una guerra, y destruir objetivos tampoco significa haber conseguido los objetivos políticos que justificaron combatir. Casi seis meses después, Irán continúa resistiendo, las conversaciones no han producido una salida definitiva y el estrecho de Ormuz sigue siendo la principal herramienta con la cual Teherán puede trasladar parte del costo del conflicto al resto del mundo.

Trump asegura que controla Ormuz, pero los petroleros no han recuperado el tránsito normal. Las grandes navieras continúan midiendo riesgos, los seguros se han encarecido y el flujo marítimo permanece muy por debajo del existente antes de la guerra. Esa realidad permite una pregunta elemental: si Estados Unidos tiene realmente el control absoluto que presume su presidente, ¿por qué uno de los pasos marítimos más importantes del mundo continúa funcionando de manera tan precaria? Control militar de un espacio no es lo mismo que libertad efectiva de navegación.

Irán tampoco está ganando. Su economía está golpeada, sus instalaciones han sufrido daños, enfrenta sanciones, bloqueo, aislamiento y enormes pérdidas. Pero Teherán comprendió desde el principio que jamás podría derrotar convencionalmente a Estados Unidos y encontró otra forma de combatir: elevar el costo de la guerra hasta que la presión deje de sentirse solamente en territorio iraní y termine entrando en las casas estadounidenses. Ormuz es precisamente esa palanca. Cada petrolero detenido, cada incremento del seguro marítimo y cada barril más caro viaja rápidamente desde el Golfo hasta una gasolinera, un supermercado o una fábrica a miles de kilómetros.

Ahí entra en la sala uno de los grandes elefantes que Trump lleva meses intentando ignorar: la economía estadounidense. El hombre que regresó a la Casa Blanca prometiendo energía barata, inflación controlada y recuperación del poder adquisitivo ahora pide a sus ciudadanos aceptar combustibles más caros como sacrificio de guerra. La gasolina se ha encarecido fuertemente durante el último año y la inflación continúa por encima del objetivo de la Reserva Federal, mientras alimentos, vivienda, seguros, transporte y servicios mantienen una presión cotidiana que ninguna estadística puede esconder.

La inflación tiene además una característica políticamente devastadora: aunque la tasa mensual disminuya, los precios no regresan........

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