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Solo yo soy la verdad

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09.06.2026

No oigo, no oigo, soy de palo; tengo orejas de pescado.Rima popular infantil

No oigo, no oigo, soy de palo; tengo orejas de pescado.

Muchos crecimos escuchando aquella vieja cancioncilla infantil. Era la respuesta clásica cuando un niño no quería escuchar absolutamente nada que contradijera sus deseos. Bastaba taparse los oídos, repetir el estribillo y fingir que el mundo desaparecía. Era una travesura inocente. Una manera infantil de creer que la realidad podía modificarse simplemente ignorándola. Con el paso de los años aprendimos que las cosas no funcionan así. O al menos eso creíamos.

Décadas después, Carlos Salinas de Gortari dejó para la historia política mexicana una frase igualmente célebre: “ni los veo ni los oigo”. Aquella expresión fue interpretada como soberbia, distancia o indiferencia frente a quienes cuestionaban al poder. Vista desde la perspectiva actual, casi parece una versión moderada de algo mucho más inquietante. Porque ya no se trata solamente de no escuchar o de no ver. Se trata de negar. Negar una crítica. Negar una evidencia. Negar una elección. Negar una encuesta. Negar una realidad. Negar cualquier hecho que contradiga una narrativa previamente construida.

La palabra “delirio” suele utilizarse con una ligereza sorprendente. En el lenguaje cotidiano se emplea como sinónimo de disparate, exageración o fantasía. Sin embargo, en psicología y psiquiatría posee un significado mucho más preciso. Un delirio no es simplemente una mentira ni una equivocación. Se refiere a una creencia sostenida con firmeza pese a evidencias importantes en sentido contrario. Conviene aclararlo desde el principio: no corresponde a periodistas, analistas ni columnistas formular diagnósticos clínicos sobre personajes públicos. Hacerlo sería irresponsable. Pero sí corresponde observar conductas, identificar patrones y reflexionar sobre ellos. Y algunos patrones que hoy observamos en la política mundial merecen atención.

Las democracias descansan sobre una premisa elemental: nadie posee el monopolio de la verdad. Precisamente por eso existen elecciones, tribunales, congresos, organismos autónomos, medios de comunicación y mecanismos de control institucional. Todos parten de una misma idea: los seres humanos pueden equivocarse. Los ciudadanos pueden equivocarse. Los periodistas pueden equivocarse. Los jueces pueden equivocarse. Los gobernantes pueden equivocarse.........

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