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La civilización del “yo”

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29.06.2026

No todas las revoluciones hacen ruido. Algunas ocurren lentamente, sin barricadas, sin disparos, sin proclamas y sin que la mayoría alcance siquiera a percibirlas. Mientras el mundo observa las tensiones geopolíticas, la inteligencia artificial, las guerras comerciales o las campañas electorales, una transformación mucho más profunda parece avanzar silenciosamente: el paso de una civilización construida alrededor del “nosotros” hacia otra que, cada vez con mayor fuerza, gira alrededor del “yo”.

Durante miles de años, las sociedades aprendieron que ninguna comunidad podía prosperar si cada individuo pensaba exclusivamente en sí mismo. La familia fue la primera escuela del “nosotros”. Después vinieron el vecindario, la escuela, la universidad, la iglesia, las asociaciones civiles, los clubes deportivos, las organizaciones sociales y las instituciones públicas. Todas ellas enseñaban, además de conocimientos o habilidades, una idea elemental: vivir implica convivir. Compartir, escuchar, ceder, colaborar y comprender que el bienestar personal sólo puede sostenerse cuando también existe bienestar colectivo.

Sin embargo, esa lógica parece estar cambiando con una rapidez inédita. Hoy la tecnología, el mercado y las redes sociales han colocado al individuo en el centro de casi todo. Mi perfil. Mi cuenta. Mi marca personal. Mi imagen. Mi opinión. Mi algoritmo. Mi éxito. Mi verdad. Mi felicidad. Mi influencia. Mi número de seguidores. Nunca antes el ser humano había dispuesto de tantas herramientas para construir una identidad propia y proyectarla hacia el mundo. Y eso, en muchos sentidos, representa un avance extraordinario. El problema aparece cuando el “yo” comienza a desplazar al “nosotros” como principio organizador de la vida social.

Las redes sociales no inventaron el individualismo, pero sí aceleraron su expansión. Hoy millones de personas llegan a un restaurante y dedican más tiempo a acomodar el platillo para obtener la fotografía perfecta que a disfrutar la conversación con quienes los acompañan. Familias enteras permanecen sentadas alrededor de la misma mesa mientras cada integrante conversa con una pantalla distinta. Parejas anuncian en Instagram una felicidad aparentemente perfecta y pocas semanas después comunican su separación. Asistimos a conciertos donde miles de personas viven el espectáculo a través de la cámara........

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