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Líderes, gobernantes, caudillos, caciques y estadistas

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Vivimos una época en la que con demasiada facilidad llamamos líder a cualquier persona que alcanza una posición relevante de poder. La palabra ha perdido precisión. Se utiliza para referirse indistintamente a presidentes, primeros ministros, gobernadores, dirigentes partidistas, empresarios, activistas, conductores de opinión o personajes con millones de seguidores en las redes sociales. Sin embargo, la historia demuestra que el poder y el liderazgo no son sinónimos, como tampoco lo son el carisma, la autoridad, el prestigio, el caudillismo o el estadismo.

Conviene distinguirlos porque de esa diferencia depende, en buena medida, nuestra capacidad para juzgar correctamente a quienes conducen el destino de una sociedad.

Gobernar es una condición jurídica. Liderar es una condición humana. El gobernante recibe una responsabilidad conferida por la ley y por la voluntad popular o por el sistema político que lo designa. El líder, en cambio, ejerce influencia sobre la conducta, las convicciones y las decisiones de otras personas, tenga o no un cargo público. Hay gobernantes que nunca llegan a convertirse en líderes y existen líderes cuya influencia permanece mucho tiempo después de haber abandonado el poder o, incluso, sin haber gobernado jamás.

Barack Obama sigue siendo una figura con enorme capacidad para influir en el debate público internacional muchos años después de haber dejado la Casa Blanca. Angela Merkel continúa siendo una referencia inevitable cuando se analiza la integración europea y el papel de Alemania en el mundo. Luiz Inácio Lula da Silva ha marcado la vida política brasileña durante décadas, tanto dentro como fuera de la Presidencia. Margaret Thatcher modificó profundamente la economía y la política británicas, al grado de que todavía hoy el llamado “thatcherismo” continúa formando parte del debate nacional. Pierre Elliott Trudeau redefinió el federalismo canadiense y dejó una huella que trasciende con mucho el tiempo que permaneció en el gobierno. Ninguno de ellos necesita hoy ejercer el poder para seguir influyendo en la conversación........

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