El mundo ya cambió
Y muchos siguen intentando entenderlo con las categorías del siglo pasado.
La humanidad ha vivido otras épocas de transformación profunda. La invención de la imprenta modificó la difusión del conocimiento; la revolución industrial cambió la economía y la organización del trabajo; la electricidad transformó la producción; internet alteró para siempre la manera de comunicarnos. Sin embargo, pocas generaciones habían tenido que adaptarse, en tan poco tiempo, a cambios tan numerosos, tan simultáneos y tan acelerados como los que caracterizan al siglo XXI.
No solo cambió la tecnología. Cambió la economía, cambió la política, cambiaron las guerras, cambió la forma de comunicarnos, cambió la manera de trabajar, cambió la educación, cambió la familia, cambió el deporte, cambió el comercio, cambió la información y cambió incluso la velocidad con la que las sociedades forman sus opiniones.
Paradójicamente, muchos siguen intentando comprender esa nueva realidad utilizando conceptos, herramientas y estrategias diseñadas para un mundo que ya no existe.
Las campañas políticas continúan organizándose como si bastara recorrer plazas públicas y dominar los noticieros nocturnos. Los partidos tradicionales siguen creyendo que la disciplina interna garantiza respaldo ciudadano. Muchos gobiernos continúan reaccionando con la lógica burocrática del siglo pasado mientras las crisis se desarrollan en tiempo real y las decisiones deben adoptarse en cuestión de horas, no de semanas.
Las empresas enfrentan un desafío semejante. Durante décadas el tamaño representó la principal ventaja competitiva. Hoy la velocidad de adaptación suele ser mucho más importante que el volumen.........
