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Disciplina no es maltrato

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27.07.2026

Un menor puede necesitar límites, orden, firmeza, orientación y consecuencias. Puede requerir una intervención seria cuando ha perdido el rumbo, desafía toda autoridad, abandona sus estudios, incurre en conductas riesgosas o vuelve insostenible la convivencia familiar. Lo que jamás necesita es ser golpeado, humillado, aterrorizado o quebrado. Disciplina no es maltrato.

La muerte de tres menores durante los últimos años en academias privadas de formación militarizada ha dejado al descubierto una realidad que permaneció demasiado tiempo oculta detrás de uniformes, reglamentos, marchas, consignas y discursos sobre el carácter. Zamir Pinto, de 16 años; Erick, de 13, y Dafne Zapata, también de 13, murieron en distintos centros y circunstancias, pero sus casos, como ha documentado El País, han generado denuncias coincidentes sobre maltrato físico y psicológico, castigos extremos, agotamiento, humillaciones, negligencia y mecanismos de silencio.

No son únicamente tres nombres. Son tres advertencias que el Estado, las instituciones y la sociedad no pueden volver a ignorar.

En algunos de esos centros no estaban formando jóvenes: los estaban quebrando. No educaban: sometían. No corregían: castigaban. No enseñaban responsabilidad: administraban miedo. Era violencia disfrazada de educación.

Bajo la promesa de convertir a adolescentes difíciles en personas disciplinadas, algunos establecimientos han reproducido métodos basados en la fuerza, la intimidación, el agotamiento físico, las humillaciones y el silencio. El lenguaje suele parecer honorable: orden, respeto, obediencia, superación, fortaleza, valores y carácter. Pero ninguna palabra respetable puede ocultar una golpiza, ningún uniforme vuelve pedagógica una humillación, ninguna consigna transforma el miedo en educación y ningún reglamento autoriza a un adulto a destruir física o emocionalmente a un menor confiado a su cuidado.

El caso de Dafne Zapata estremeció al país. La adolescente ingresó a un campamento de verano en una academia militarizada de Ciudad Madero, Tamaulipas, y murió apenas unos días después. Su madre ha denunciado que fue torturada y maltratada; la necropsia determinó asfixia por sumersión y la Fiscalía estatal investiga el caso como feminicidio. El director del establecimiento y dos integrantes de su personal fueron detenidos, mientras la investigación deberá esclarecer exactamente qué ocurrió y determinar las responsabilidades correspondientes.

La academia proclamaba disciplina, lealtad y trabajo, y habría proyectado una vinculación con las Fuerzas Armadas que la Secretaría de la Defensa Nacional negó, según lo difundido por distintos medios nacionales. Ese detalle no es menor. Utilizar uniformes, grados, marchas, insignias o terminología castrense puede producir entre las familias una apariencia de autoridad, respaldo institucional y profesionalismo que no necesariamente corresponde con la realidad.

Conviene establecerlo con absoluta claridad: estas academias privadas no deben confundirse automáticamente con las instituciones militares profesionales ni con la formación impartida por las Fuerzas Armadas. Una cosa es la disciplina militar auténtica, sujeta a ordenamientos, jerarquías, preparación, controles y responsabilidades institucionales; otra muy distinta es que particulares adopten una estética militar para comercializar servicios educativos o disciplinarios sin contar necesariamente con la capacitación pedagógica, médica y psicológica indispensable.

La simulación comienza precisamente ahí. Se vende una imagen de severidad, autoridad y prestigio. Se promete hacer en semanas lo que una familia, una escuela o una comunidad no consiguieron durante años. Se ofrece corregir conductas, fortalecer voluntades y devolver a casa jóvenes obedientes, como si la personalidad de un adolescente pudiera desmontarse y reconstruirse mediante marchas, gritos y castigos.

La disciplina auténtica exige método, constancia, responsabilidad, autocontrol y respeto a las reglas. Requiere instructores capacitados, protocolos claros, supervisión médica, acompañamiento psicológico, instalaciones adecuadas y mecanismos efectivos para denunciar abusos. El maltrato no necesita nada de eso. Solamente........

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