Justicia a la medida, ciudadanos y empresas a la deriva
La narrativa oficial de la reforma judicial prometió una justicia rápida, expedita y cercana al pueblo. Sin embargo, en la ventanilla del usuario común, de la empresa y del litigante corporativo, la realidad operativa muestra un retroceso brutal: el reemplazo de la técnica por el hiperformalismo y la consolidación del “amparo estadístico” como mecanismo de descarte masivo. Este no es un problema exclusivo de abogados; es una crisis que afecta la economía, la seguridad y la inversión de todos los mexicanos.
El impacto económico y la ahuyentación de la inversión
El principio es elemental: sin certeza jurídica no hay inversión. Ningún capital serio —nacional o extranjero— se arriesga a instalarse en un país donde la recuperación de garantías, el cobro de un crédito o la restitución de un bien lleva años de desgaste.
Cuando una empresa, o entidad financiera o un inversionista descubren que el propio Estado puede perder o destruir un expediente en un archivo local sin dejar respaldo digital, y que para exigir la reposición de sus derechos la Justicia Federal le exige una “aduana peajera” de $100,000 pesos en edictos básicos en el Diario Oficial de la Federación y otro medio de amplia circulación para notificar a un tercero sobre un juicio inexistente, el mensaje para el mercado es desolador: el patrimonio privado está indefenso. El riesgo país se dispara, el costo del crédito se encarece para las PYMES y los proyectos productivos prefieren migrar a jurisdicciones seguras.
La erosión de la seguridad y la barbarie de los “otros medios”
Existe un vínculo directo entre la ineficiencia judicial y la crisis de seguridad que azota a México. El Estado ostenta el monopolio legítimo de la fuerza a cambio de garantizar el cumplimiento de la ley. Sin embargo, cuando la vía legal se transforma en un laberinto interminable de amparos, quejas y revisiones que tardan años sin resolver nada, se envía una señal perversa a la sociedad: la justicia........
