El Humanismo Mexicano: más allá de la izquierda y la derecha
Durante más de dos siglos, la Ciencia Política explicó la competencia por el poder mediante una división aparentemente sencilla: izquierda y derecha. Desde la Revolución Francesa, ambas categorías permitieron comprender las principales disputas ideológicas del mundo moderno. La izquierda privilegió la igualdad y un papel más activo del Estado en la reducción de las desigualdades; la derecha defendió la libertad económica, la propiedad privada y el mercado como motores del desarrollo.
Aquella clasificación fue útil para entender el siglo XX. Sin embargo, el siglo XXI ha comenzado a demostrar que esas categorías resultan insuficientes para explicar la complejidad política contemporánea.
América Latina ofrece ejemplos reveladores. Nicaragua, un gobierno que se autoidentifica con la izquierda, ha eliminado la competencia política mediante la persecución de opositores y el debilitamiento de las instituciones democráticas. En el otro extremo, El Salvador, identificado por muchos como un gobierno de derecha, ha concentrado crecientemente el poder alrededor de la figura presidencial y enfrenta cuestionamientos sobre el equilibrio entre seguridad, instituciones y contrapesos democráticos. Ambos han sido objeto de señalamientos por presuntas violaciones a los derechos humanos.
Se trata de proyectos de aparente signo ideológico distinto, pero con una enorme coincidencia: las libertades y la democracia terminan subordinándose a la concentración del poder en torno a una sola persona.
Pareciera que la memoria colectiva ha olvidado que la democracia en América Latina costó décadas de lucha, persecución y miles de vidas. Samuel Huntington describió ese proceso histórico como la “Tercera Ola de la Democratización”. Hoy conviene recordarlo para no dar por sentado aquello que tanto costó construir.
El gran debate del siglo XXI ya no consiste únicamente en cuánto Estado o cuánto mercado necesita una sociedad.
Hoy lo fundamental es cómo construir un Estado que coloque la dignidad humana en el centro de la vida pública, protegiendo la democracia. Ese es, precisamente, el propósito del........
