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La democracia que todavía no hemos inventado

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19.09.2026

Hace 250 años, Filadelfia fue escenario de uno de los experimentos políticos más audaces de la historia. Un grupo de hombres, con enormes contradicciones y limitaciones, imaginó que una sociedad podía gobernarse sin rey y que el poder podía someterse a reglas, instituciones y ciudadanos.

Dos siglos y medio después, la pregunta ya no es si aquel experimento fue extraordinario. La pregunta es más relevante: ¿la democracia que heredamos es suficiente para el mundo que viene?

En junio pasado, más de 1,500 personas regresaron simbólicamente a Filadelfia para TED Democracy Philadelphia: Founding Futures. El propósito no era solamente conmemorar los primeros 250 años de la democracia estadounidense, sino imaginar los siguientes 250.

El encuentro ocurrió en un momento paradójico. Nunca habíamos dispuesto de tantos instrumentos para escuchar, informar y conectar a los ciudadanos. Y, sin embargo, hacía mucho tiempo que no existía tanta inquietud sobre el futuro de la democracia.

El nuevo informe The Global State of Democracy 2026, de International IDEA, ofrece un diagnóstico preocupante. Entre 2020 y 2025, 98 países —57% de los evaluados— retrocedieron significativamente en al menos una dimensión democrática, mientras solamente 55 mejoraron. Es el undécimo año consecutivo en que hay más países retrocediendo que avanzando.

Pero hay un dato todavía más interesante: 81% de las mediciones democráticas prácticamente no cambió. Ése puede ser el problema que estamos observando mal. Tal vez la mayor amenaza para la democracia no sea únicamente su destrucción. Puede ser su estancamiento.

Millones de personas vivimos en sistemas que conservan elecciones, partidos, congresos, tribunales y libertades formales, pero que no necesariamente mejoran su capacidad para resolver problemas, limitar el poder, impartir justicia o permitir que los ciudadanos influyan verdaderamente en las decisiones. No son democracias que desaparecen. Son democracias que dejan de evolucionar.

Michael Dimock, presidente del Pew Research Center, presentó en Filadelfia quizá la idea que mejor articula el problema. Los fundadores estadounidenses, argumenta, no construyeron un sistema terminado. Iniciaron un proyecto. Cada generación posterior tuvo que modificarlo, ampliarlo y corregirlo.

La democracia estadounidense de 1787 excluía a buena parte de quienes hoy consideramos ciudadanos. Fueron necesarias generaciones de luchas para abolir la esclavitud, ampliar el sufragio, reconocer derechos civiles, incorporar plenamente a las mujeres y construir instituciones que los fundadores ni siquiera imaginaron.

La democracia sobrevivió porque cambió. Ésta es una idea fundamental tanto para quienes quieren congelar las instituciones como para quienes quieren destruirlas para comenzar........

© SDP Noticias