Morena y el pragmatismo grotesco
Para quienes alguna vez fuimos lópezobradoristas, para quienes formamos parte del movimiento o tuvimos algún grado de cercanía con Andrés Manuel López Obrador, siempre ha resultado fascinante y dolorosa la metamorfosis del personaje a lo largo de los años. Mucho se ha escrito sobre ello. No hace falta repetir diagnósticos ni enumerar agravios. Basta con recordar momentos precisos.
Tomé la decisión de escribir esta columna al llegar al décimo capítulo de Ni Venganza ni Perdón, el libro de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez. Ahí, entre relatos, justificaciones y silencios, se asoma no sólo un testimonio de poder, sino el espejo incómodo de lo que fuimos y de lo que terminó siendo el proyecto que muchos acompañamos. En mi caso, me hice a un lado en 2012.
La mejor versión de Andrés Manuel fue, sin duda, la del desafuero. Aquel Andrés Manuel fue un estadista. Un acróbata político que logró salir de un jaque mate sin hacer trampa. Las movilizaciones sin precedentes en la Ciudad de México, el respaldo de propios y ajenos, la algarabía que desataban sus mítines, su comparecencia ante el Congreso y ese cierre que quedó grabado en la memoria colectiva: falta que a ustedes y a mí nos juzgue la historia.
Era un líder pacifista, contenido, pero profundamente emocional. Supo colocarse en la narrativa de la víctima sin victimizarse. Estuvo dispuesto incluso a la cárcel, consciente de lo que una imagen tras las rejas habría significado para el gobierno de Vicente Fox. No es casual que Gabriela Cuevas, entonces en el panismo y hoy en el oficialismo, se ofreciera a pagar la fianza. Entendía el símbolo. Entendía el riesgo.
Ese Andrés Manuel empezó a erosionarse en 2006. El cállate chachalaca no fue solo un exabrupto; fue una grieta. La decisión de no asistir al primer debate no fue solo una estrategia fallida; fue soberbia. El conflicto postelectoral, sin embargo, mostró otra faceta compleja: el plantón multitudinario no fue únicamente una protesta. Fue una válvula de presión. Consciente de que los ánimos podían desbordarse, optó por........
