Murió el carnicero de Bosnia, un genocida condenado cuando la Corte Penal Internacional era respetada
El miércoles murió en La Haya, Países Bajos, el ex general Ratko Mladić. Tenía ochenta y cuatro años y cumplía cadena perpetua. Lo llamaron el carnicero de Bosnia. La expresión, por una vez, se quedó corta.
En julio de 1995 sus tropas entraron en Srebrenica, un enclave que la propia ONU había declarado zona segura. Separaron a los hombres y a los niños varones del resto de sus familias. Al menos ocho mil fueron ejecutados y sepultados en fosas comunes. Una cámara filmó a Mladić repartir dulces entre esos niños y acariciar alguna cabeza minutos antes de que subieran a los autobuses. Horas después ya no existían. Antes de Srebrenica hubo Sarajevo. Casi cuatro años de sitio, con francotiradores apostados contra quien cruzaba la calle por agua y proyectiles que caían sobre un mercado o una fila de pan. La limpieza étnica fue el método de aquella guerra y abiertamente hay memorias que documentan cómo es que el general quería exterminar a los musulmanes, igual niños que adultos, igual civiles que rebeldes.
A Mladić lo alcanzó la justicia, y conviene recordar de qué manera pasó ya que los nuevos genocidas parece que no tendrán el mismo privilegio. En 1993 el Consejo de Seguridad creó un tribunal penal internacional para la antigua Yugoslavia. Fue una decisión política, tomada por los mismos Estados que suelen recelar de cualquier jurisdicción capaz de limitarlos. El tribunal lo acusó en 1995. Mladić pasó dieciséis años prófugo, amparado por........
