El periodismo transnacional que no quiere ver lo que tiene delante
El oficio del reportero solía consistir en mirar hacia donde otros no miran. Jack Nicas, corresponsal de The New York Times en México, ha hecho algo distinto pues ha mirado exactamente lo que Adidas y su socia Someone Somewhere quería que mirara, y ha llamado a eso investigación.
Su reportaje “¿Artesanía o explotación?” es un caso de manual de cómo el periodismo puede documentar la injusticia y luego, mediante recursos retóricos minúsculos pero decisivos, absolver a los poderosos. El problema no es que Nicas oculte información como el hecho de que la Ley Federal del Trabajo es muy clara en cuanto a las prestaciones laborales e inclusive contempla aquello que caracteriza y distingue una relación laboral de una por prestación de servicios, misma ley que por cierto contempla el contrato por tiempo determinado. El problema es más sutil y más grave porque aquella información la tiene toda en la mano y la ordena para que el veredicto sea el opuesto al que los hechos indican.
Comencemos por el título, esa disyuntiva falsa que promete neutralidad mientras prepara el terreno. La pregunta retórica oculta su respuesta ya que el reportaje será un viaje a la sierra, un encuentro con la artesana que por la barrera del lenguaje sería la traductora de las demás, esperando fungir como un testimonio directo. El error es hasta metodológico. Efectivamente, las mujeres del taller, en horario laboral, frente al jefe y a las lideres que las reclutaron, en un pueblo de dos mil habitantes, declaran estar contentas. Unanimidad perfecta, la misma que cualquier sociólogo del trabajo predice cuando se entrevista al dependiente dentro del espacio del patrón. El propio Nicas lo sabe pues tres párrafos después aparece una mujer anónima “para conservar su trabajo” que revela ganar doce pesos por hora. Esa contradicción es el colapso lógico de su propio método.
No se sabe si fue pereza o si es algo deliberado pero el simple efecto de intimidación psicológica al brindar una entrevista en las instalaciones del empleador ya implica la autocensura, pero encima de todo, distinguir de la propaganda feliz con nombre y apellido frente a los relatos anónimos ya es pista suficiente de que ese contexto y ese lugar no es el más libre que digamos.
Pero la artesana anónima queda sepultada bajo el peso de la........
