Alfabetización mediática: el derecho que falta
Hoy se conmemora el Día Internacional de la Alfabetización, proclamado por la UNESCO en 1966. Durante décadas la meta fue enseñar a leer y escribir. Esa tarea sigue inconclusa en amplias zonas del país. Pero ha nacido un analfabetismo nuevo que no distingue clases sociales ni grados académicos: el de quien no sabe leer el entorno informativo en el que vive. Descifrar letras ya no basta. Hoy hay que descifrar pantallas, algoritmos e intereses. A ese saber se le llama alfabetización mediática e informacional. No es una moda pedagógica. Es una condición de ejercicio de derechos fundamentales. Y en México no existe como política pública. Conviene explicar por qué eso importa y qué hacer al respecto.
Primero. Hay que precisar el concepto. La alfabetización mediática e informacional es el conjunto de capacidades para acceder a la información, analizarla, evaluarla críticamente y producir contenidos propios de manera responsable. La UNESCO la impulsa desde la Declaración de Grünwald de 1982, cuando todavía se hablaba de televisión y prensa. El entorno digital multiplicó su urgencia. El fundamento jurídico no hay que inventarlo. Está en el artículo 6o constitucional, que garantiza el derecho a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole. Tres verbos que suponen un sujeto capaz. Quien no sabe distinguir un hecho de una opinión, una nota de un contenido pagado, un video real de uno fabricado con inteligencia artificial, tiene el derecho en el papel y carece de él en la vida. La titularidad formal sin capacidad real es una promesa incumplida. Nunca hubo tanta información disponible y tan poca capacidad instalada para procesarla: la abundancia sin criterio no informa, satura. Un doctorado, por cierto, no inmuniza contra un deepfake. La Corte Interamericana enseña desde la Opinión Consultiva 5/85 que la libertad de........
