La caja negra del petrismo
Hay gobiernos que entregan el poder dejando balances, inauguraciones y discursos sobre los logros alcanzados durante su administración. Otros, en cambio, obligan al país que los sucede a hacer algo mucho más incómodo: abrir los archivos, revisar los contratos, seguir el rastro de los recursos públicos y reconstruir las decisiones que se tomaron durante cuatro años. Eso es precisamente lo que empieza a ocurrir con El libro de la verdad, presentado por el Gobierno de Abelardo De La Espriella después del proceso de empalme y remitido a las autoridades competentes para que sean ellas, no el Gobierno, las que determinen si detrás de los hallazgos existen responsabilidades penales, fiscales o disciplinarias.
El documento reúne 82 casos identificados en 22 sectores de la administración pública, agrupados por el Gobierno alrededor de nueve patrones que, según el proceso de empalme, revelarían problemas que van mucho más allá de hechos individuales, pérdida de rigor técnico, debilitamiento de las capacidades institucionales, opacidad en la información pública, concentración contractual, parálisis administrativa, fragmentación del Estado y dificultades fiscales, entre otros.
Para entender qué significa El libro de la verdad, hay que despojarlo de cualquier lectura meramente política. No es una sentencia, tampoco es una condena anticipada ni una lista de culpables. Es el resultado de una revisión de la administración que busca poner sobre la mesa hallazgos, decisiones, contratos, recursos y actuaciones que, por su naturaleza o magnitud, requieren ser examinados por las autoridades competentes. Su verdadero valor estará en que esa información pueda convertirse en investigaciones serias, con pruebas, debido proceso y resultados concretos.
Lo importante, entonces, no es quedarse en la cifra de 82 denuncias ni convertir el documento en un nuevo episodio de la confrontación política entre el petrismo y el Gobierno De La Espriella. Lo verdaderamente relevante es determinar si, como sostiene el nuevo Gobierno, durante los últimos cuatro años se produjo un deterioro de los controles que permitió que decisiones de enorme impacto fiscal se tomaran sin la debida planeación, seguimiento y rendición de cuentas.
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Porque la corrupción no empieza necesariamente cuando alguien se apropia ilegalmente de un peso. Muchas veces comienza mucho antes, cuando se pierde la capacidad de saber dónde está ese peso, por qué se gastó, quién autorizó su utilización, qué resultado produjo y quién debe responder si finalmente no cumplió el propósito para el cual fue destinado. Un Estado puede tener miles de funcionarios honestos y, aun así, ser vulnerable a la corrupción si sus sistemas de control son débiles, si la información no es transparente, si la contratación pierde trazabilidad o........
