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El camino correcto

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01.06.2026

Claramente, la propuesta del progresismo —la de un Gustavo Petro que inició su mandato moderado con ministros de centro, pero terminó volcado en la irascible izquierda— no es la preferida de los colombianos. A pesar del apoyo del Gobierno a su candidato Iván Cepeda, con dineros, manifestaciones, cuotas políticas y el guiño de grupos armados en regiones donde tienen control territorial, no pudieron puntear en las elecciones de primera vuelta y fueron derrotados por el candidato de derecha, Abelardo de la Espriella.

Esa derrota abre una oportunidad. Por primera vez en años, el país tiene sobre la mesa dos visiones claramente distintas de lo que debería ser el Estado y el papel del ciudadano: un modelo de control y homogeneización desde arriba, el de Cepeda, y un modelo de libertad y responsabilidad individual, el de De la Espriella.

La campaña presidencial no fue de programas ni de argumentos técnicos. Cepeda, el huraño de las encuestas y de las entrevistas, se dirigió casi exclusivamente a sus votantes, proyectando la imagen de pendenciero contra una oligarquía que, según él, es culpable de todos los males del país. Esa narrativa, sencilla y cómoda, le permite prometer que todo se arregla castigando a ‘los de arriba’.

Esa postura ha tenido alguna resonancia en sectores donde caló la prédica evangelizadora de lustros de Fecode y a un discurso de lucha de clases refrito. A ese núcleo duro se le suman los beneficiados del Estado en el Gobierno Petro, que han recibido puestos y contratos, desbarajustando la balanza fiscal del país. Un Estado obeso que se financia no........

© Revista Semana