Despacho desde Caracas
Nunca había visto algo así. En La Guaira, a tan solo horas del terremoto, todo era un infierno en vida. Los edificios derrumbados, la gente corriendo, las víctimas atrapadas, los buenos ayudando, los malos robando, las autoridades aturdidas y nosotros, los periodistas, confundidos. Dantesco.
Después de haber cubierto el terremoto en Haití, pensé que estaría preparado para cualquier episodio. Pero nada me había alistado
para lo que registré en Venezuela. Tras más de 16 años de aquel devastador episodio que quedó grabado en mi mente para siempre, nunca imaginé ver algo de esa magnitud, y mucho menos peor. La devastación en la zona costera aledaña a Caracas es como Haití, solo que diez veces peor.
Mi mente sigue procesando. Cierro los ojos y veo los pies blancos de un cadáver. Es la tía de una pareja de niños sentados sobre lo que queda de los asientos, al lado de una piscina que hacía horas era escenario de juegos y que ahora está convertida en una fosa verdosa, sin agua y resquebrajada, junto a un “pancake” de losas de concreto. Mi mente deambula. Otro flash: dos torres de por lo menos 25 pisos, a punto de caer, sosteniéndose la una a la otra. Luego otra imagen: un hombre corriendo con una soldadora,........
