¿Orgulloso de ser criminal?
El ministro Germán Ávila se paró ante el Congreso de la República —la casa de la democracia— y declaró con satisfacción que estaba orgulloso de haber sido guerrillero. Lo dijo sin titubear. Sin rubor. Como quien cuenta una hazaña.
No sorprende. Este Gobierno lleva tres años tratando de reescribir la historia. Desde el mismo discurso de posesión, cuando el presidente Petro reivindicó a la primera línea —jóvenes condenados por múltiples delitos, entre ellos tortura— como si fueran héroes de una gesta libertaria, el tono quedó fijado.
Petro ha glorificado cientos de veces su pasado como “rebelde”. Ahora su ministro hace lo mismo. El mensaje que le llega a las nuevas generaciones es inequívoco: ser rebelde es ser criminal, y ser criminal es motivo de orgullo. Eso no es solo un problema de lenguaje. Es una pedagogía del mal. Y se refuerza con políticas concretas, como la de pagar por no delinquir —como si unos cuantos pesos resolvieran lo que solo resuelve una transformación........
