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«Es esencial que la izquierda deje de juzgar a la clase obrera que vota a la derecha»

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07.05.2026

Pocas horas después de su nombramiento como Honoris Causa por la UAB, esta voz de referencia de la teoría feminista repasa las causas y las posibles salidas del auge de los totalitarismos.

Judith Butler (Cleveland, Ohio, 1956) entra a la recepción de su hotel después de un largo paseo mañanero por Barcelona, una ciudad que visita a menudo y donde acaba de recibir un doctorado Honoris Causa por la UAB. “El mundo es muy confuso, pero pasear aclara la mente”, sostiene. Voz de referencia en la teoría feminista y en la filosofía postmaterialista, Butler confiesa que le cuesta ser optimista. “Lo soy por obligación, aunque es cierto que no hay que abandonar la esperanza ni dejar que la realidad tenga la última palabra”, asegura, mientras reflexiona sobre qué tomar durante la entrevista con elDiario.es.

Duda y, finalmente, se decanta por un café. “Es que tengo un problema con el café: hace que crezca en mí una violencia hacia el gobierno de los Estados Unidos…”, asegura, entre risas. Trump acaba ocupando buena parte del discurso de Butler, quien puso las bases de las teorías de género. Pero este tema ha dado un paso al lado para dejar espacio a las reflexiones sobre el crecimiento de los movimientos autoritarios. La culpa, dice, es del capitalismo global que se enriquece con el caos político, aunque tampoco libra del todo a la izquierda, de la que dice que debe asumir más responsabilidades.

En su discurso de investidura, dijo que todas las democracias deben ser renovadas. ¿Qué pasa cuando damos por sentada la democracia?

Que podemos acabar eligiendo a fascistas sin darnos cuenta. Esa es la paradoja: el sistema permite que votemos a alguien que puede llegar a eliminar el propio sistema. Todas las democracias corren ese riesgo y no hay ninguna manera de prevenirlo.

¿Estaría a favor de alguna medida que prohibiera a partidos filofascistas presentarse a las elecciones?

Lo estaría para prohibir el partido Nazi en Alemania o el de Mussolini en Italia. El problema es que sus herederos, que tienen las mismas aspiraciones, se han reorganizado bajo otros nombres y pueden decir que son diferentes. Quizás lo sean en ciertos aspectos, pero no dejan de ser fascistas. La AfD en Alemania, por ejemplo, ahora usa parafernalia nazi y, cuando yo era joven, eso estaba absolutamente prohibido.

Sí, pero parece que la ley esté quedando sin efecto. Aun así, el problema no son los partidos que reivindican abiertamente el fascismo. El problema está en Meloni, que asegura no ser heredera de Mussolini mientras comparte sus mismas ideas. Pueden no ser lo mismo, pero sólo porque el fascismo se ha renovado a través del sistema de partidos.

Los tiempos cambian y sería absurdo pensar que las ideologías no lo van a hacer, aunque es cierto que hay características que se mantienen iguales. Hablo de la voluntad de eliminar derechos de algunos sectores de la población. O de eliminarlos a ellos directamente. Aunque sea a través de la expulsión mediante mecanismos legales, sigue siendo fascismo. Igual que lo es la centralización y la eliminación de la separación de poderes.

¿Habla de Estados Unidos?

No se puede considerar a Estados Unidos todavía como un país totalitarista porque estas políticas........

© Rebelión