Estampas del capitalismo futbolero, entre la ignominia y la dignidad
“Primero somos personas y luego somos lo que somos, futbolistas o cualquier otra cosa. Eso es lo que siempre he pensado, independientemente de que me ponga un pantalón corto y unas botas para salir al campo a patear una pelota. No necesitaba encontrar tiempo para lamentar lo que sucedía en mi país, simplemente lo tenía muy presente”. -Carlos Caszely, futbolista chileno que se negó a darle la mano a Pinochet
Una caricatura elaborada en días recientes es muy expresiva sobre la relación entre futbol y política o mejor sobre el carácter político del futbol. En la viñeta aparece un gigante, el futbolista español (de origen africano) del Barcelona Lamin Yamal, y a cada uno de los lados del coloso aparecen dos enanos, que representan al argentino Leonel Messi y al portugués Cristiano Ronaldo. Para un analfabeto político, y en el mundo futbolístico abundan, la caricatura no les debe decir nada o les debe parecer una exageración, al vislumbrar la diferencia de tamaño que aparece en la imagen gráfica. Incluso, al momento afloran las discusiones acaloradas para decir que este o aquél de los que aparecen en escena es el mejor jugador del mundo en el campo de juego y no necesariamente el español.
Pero el mensaje no tiene un sentido futbolístico, sino político, porque no hace referencia a la habilidad en la cancha, sino a la estatura moral, a la dignidad, de los tres futbolistas representados. Esa dignidad tiene un valor notable en esta época plena de culto a los genocidas de uno y el otro lado del mundo. Es en este ámbito político donde queda claro, sin duda alguna, que Yamal emerge como un gigante enorme y los otros dos como lamentables liliputienses.
Lo que aparece reflejado en la caricatura tiene que ver con la estatura moral que emerge en momentos cruciales, como los que ahora vive el mundo. Y en este plano han quedado registradas de manera imperecedera tres estampas de un carácter político completamente antagónico: dos de ellas representan el culto a la riqueza, al poder, a los genocidas, y la otra a los palestinos, quienes son la personificación de todo lo opuesto a la opulencia, dolor, sufrimiento, miseria, pero también capacidad de lucha y rebelión.
Sobre este asunto de la estatura moral expresada en simples y elementales gestos simbólicos versa este artículo, escrito en instantes en que el futbol-mercancía domina todos los ámbitos de la vida cotidiana.
CRISTIANO RONALDO Y LA LEGITIMACIÓN DE LOS CRIMENES DE ESTADOS UNIDOS Y DE ARABIA SAUDITA
En noviembre de 2025, el momento en que Cristiano Ronaldo fue recibido en la Casa Blanca por Donald Trump, ya estaba claramente establecida y conocida la actitud genocida de este último contra el pueblo palestino y el asesinato de humildes pescadores en el Pacifico y en el Mar Caribe por parte del Departamento de Guerra de los Estados Unidos. Ya había pasado también la Guerra de los Diez Días, cuando en forma conjunta Israel y Estados Unidos atacaron a mansalva a Irán.
La noticia sobre el genocidio de los palestinos, por supuesto que es bien conocida en Arabia Saudita, por la proximidad geográfica y cultural con Palestina. Ese es el país en donde ahora habita Cristiano Ronaldo, ya que juega en el equipo Al-Nassr desde 2022.
EL 18 de noviembre, Cristiano Ronaldo asistió a la Casa Blanca a una gala ofrecida en honor al príncipe heredero de Arabia Saudita Mohammed bin Salmán. Fue incluido en la delegación oficial de esa corrupta petromonarquía, nada sorprendente si se tiene en cuenta que el príncipe heredero es dueño del club de futbol en el que juega Cristiano Ronaldo y responsable directo de su jugoso salario. O, para decirlo en términos poco eufemísticos, el futbolista es un empleado a sueldo, un sirviente de lujo, de la criminal monarquía saudí y como tal lo llevó al encuentro con Trump y se le encargó la misión, que cumplió dócil y obedientemente, de lamer las botas del amo. Otra cosa diferente es que C. Ronaldo, con todo el ego que lo distingue, pretenda que el centro de la reunión era él, pues presume de ser el tipo más popular del mundo, hasta el punto de afirmar sin nada de modestia: “Soy la persona más famosa del mundo. Dime una persona en el mundo que sea más famosa que yo. Soy más famoso a nivel mundial que Donald Trump”.
Esta visita tenía el propósito de promocionar a Arabía Saudita en los Estados Unidos, a nivel turístico, cultural y deportivo y lavar su imagen como un país experto en violar los derechos humanos. Donald Trump, quien condena a los que considera sus enemigos y absuelve a sus amigotes ‒no importa si son narcos como un expresidente de Honduras o asesinos confesos como el príncipe saudí‒ se encargó de edulcorar la imagen de la petromonarquía corrupta y criminal diciendo que Arabía Saudita es un “verdadero socio para la paz y prosperidad” en el mundo y en Oriente Próximo. Y elogió el “increíble trabajo en derechos humanos” que realiza el príncipe Saudi. Aún más, cuando una reportera le preguntó al príncipe heredero por el asesinato del periodista y columnista del Washington Post que residía en Estados Unidos Jamal Khashoggi en 2018, a quien se raptó en el consulado de Arabia Saudita en Estambul, se le estranguló y desmembró por agentes al servicio del príncipe heredero, quien dio la orden de matarlo. Esa misma “belleza” era la que se encontraba físicamente frente a Trump en ese momento. Este no dejo responder al criminal saudí y afirmó, en forma altanera: “Ha mencionado a alguien que era extremadamente controvertido. A mucha gente no le caía bien ese caballero del que usted habla. [Por eso está bien que lo descuartizaran, podemos agregar] Cayera bien o no, hay cosas que pasan [y que no tienen responsables, sino que son algo así como “castigos divinos”]. Pero él (Bin Salman) no sabía nada [cuando fue el autor intelectual del asesinato], y podemos dejarlo así”. Agregó, “No tiene que poner a nuestro invitado en una situación embarazosa preguntando una cosa así”. Trump también calificó la intervención de Bruce como “una pregunta horrible, insubordinada y simplemente terrible”.
En el encuentro se establecieron acuerdos sobre compra de armas a Estados Unidos por miles de millones de dólares y la inversión financiera en el mercado de Wall Street por parte de Arabía Saudita, y tratos sobre minerales críticos.
Recordar estos detalles no es irse por las ramas, sino recalcar la esencia del encuentro entre los dos mandamases de sendos Estados terroristas. Y lo que puede deducirse de todo ello, es que Cristiano Ronaldo luce como un decorado en la trastienda de los acuerdos que refuerzan el genocidio de los palestinos, y para eso le pagan millones de dólares, si se considera la responsabilidad directa de Estados Unidos y la complicidad abierta de Arabía Saudita con los genocidas de Israel.
En estas condiciones, formar parte de la delegación oficial de Arabía Saudita y estrechar efusivamente la mano del pedófilo Donald Trump es un acto que revela la catadura moral de Cristiano Ronaldo. Y eso se........
