¿Quién está en el lado correcto de la historia?
«Cada dos o tres generaciones, cuando se agosta la memoria y desaparecen los últimos testigos de las masacres anteriores, la razón se eclipsa y otros hombres vuelven a propagar el mal.» (Olivier Guez)
En busca del fuego (título original en francés: La guerre du feu), es el primer largometraje del reconocido director canadiense Jean‑Jacques Annaud, responsable también de la adaptación al cine de El nombre de la rosa. En busca del fuego obtuvo un notable éxito tanto entre la crítica como entre el público obteniendo numerosos premios en Europa y América. En su momento (se estrenó en 1981) destacó especialmente su gran esfuerzo por alcanzar la verosimilitud respecto de lo que cuenta, algo particularmente meritorio si se tiene en cuenta que la historia que relata se sitúa hace aproximadamente ochenta mil años. La trama narra las peripecias de un grupo de Homo sapiens que intenta recuperar el fuego, perdido tras el ataque de una banda de neandertales.
La secuencia inicial, que dura alrededor de dieciocho minutos, muestra con claridad hasta qué punto el fuego resulta esencial para la supervivencia de ese grupo de antepasados: proporciona calor, ilumina la noche profunda y amenazadora, sirve como defensa frente a posibles depredadores y permite transformar los alimentos, algo fundamental en el proceso de humanización de nuestra especie. El fuego se muestra como ese símbolo de ambivalente significado: por un lado, representa el saber que permite a los seres humanos progresar (tal es el significado antropológico del mito de Prometeo, titán que roba el fuego a los dioses); por otro, es ese elemento destructivo que domina en la guerra, en la que su nombre se grita cuando se manda disparar al enemigo. El título original de la película de Annaud traducido literalmente del francés es «La guerra del fuego», que destaca ese momento de nuestros orígenes, cuando no existían reglas que fomentasen la convivencia en paz de los diversos grupos humanos. El progreso, esa idea inventada por los filósofos de la Ilustración, consiste justamente, entre otras cosas, en convertir la guerra en una anomalía. La historia demuestra que el progreso en su vertiente científica y tecnológica es imparable; sin embargo, en su vertiente moral no se puede decir lo mismo. Es enorme el esfuerzo que implica mantener un orden social en el que la violencia no sea un recurso éticamente aceptable, a pesar del cual no hay garantías de que ese sea el horizonte hacia el que nos conduce la historia. A los hechos más recientes me remito. Diríase que actualmente existe una creciente corriente nostálgica de esa etapa primitiva en la que imperaba la ley del más fuerte, corriente auspiciada por poderosos líderes políticos, tecnológicos y mediáticos.
Qué débil parece quien acude a las palabras para detener la barbarie que nos desborda. Así nos ve el que empuña la maza, como en la secuencia referida de En busca del fuego, el macho de rostro granítico y mirada desafiante que habla de España como una nación de débiles y perdedores, parte de una Europa en decadencia; que lo es en gran medida a juzgar por su trayectoria en lo que va de este siglo, a lo largo del cual, al tiempo que iba expandiendo su modelo de relaciones entre Estados sobre la base de un prioritario interés económico, ha venido mostrando señales insoslayables de pérdida de fe en sus propios........
