Resident Evil: Noche Cero, la recomendada de la semana
Recuerdo que cuando era niño tenía un amigo llamado Miguel. Él me habló de un jumpscare en Resident Evil 3: Nemesis que ocurría en la comisaría, luego de bajar las escaleras frente al cuarto de guardado, justo frente a una ventana.
¿Saben de cuál hablo? ¿Sí? ¿No? ¿Qué creen? Me asusté. Y lo disfruté.
Esa misma sensación fue la que me llevé a la sala de cine al ver Resident Evil: Noche cero.
Zach Cregger llega a esta franquicia después de haber sido cuestionado durante buena parte de la promoción de la película por dejar claro que no pretendía adaptar de manera fidedigna ninguno de los videojuegos. Su intención era otra: hacer una película que se sintiera como jugar Resident Evil.
Y creo que lo consiguió.
La idea es bastante sencilla. Acompañar a un personaje con una misión concreta que, poco a poco, comienza a complicarse. Administrar recursos, conseguir armas, recorrer escenarios cada vez más peligrosos y enfrentarse a criaturas que parecen salir directamente de una pesadilla. Todo dentro del universo de Capcom.
Cregger crea a Bryan, un mensajero médico que debe entregar un paquete en Raccoon City justo cuando un brote viral comienza a convertir la ciudad en un infierno. Bryan no es un soldado, no es un policía y mucho menos un héroe de acción. Es un tipo común que simplemente intenta cumplir con su trabajo.
Y eso cambia completamente la experiencia.
Porque cuando empiezan los problemas, Bryan no sabe qué hacer.
Tiene miedo. Se equivoca. Dispara mal. Corre cuando debería enfrentarse a algo y se enfrenta cuando probablemente debería seguir corriendo. Consigue armas y recursos a medida que avanza, casi como si estuviéramos jugando junto a él.
Es, literalmente, uno de nosotros. Y........
