La polarización, espejismo de erosión institucional
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- México vive un clima de confrontación permanente. La discrepancia dejó de ser deliberación y se volvió identidad. La política ya no organiza intereses. Organiza emociones. El adversario dejó de ser interlocutor. Es enemigo moral. La erosión institucional no ocurre con tanques. Ocurre con palabras. Con descalificaciones sistemáticas. Con sospecha constante. Con la idea repetida de que todo árbitro está capturado. El resultado es visible. Confianza pública en descenso. Instituciones cuestionadas antes de actuar. Sentencias desacreditadas antes de leerse. Elecciones impugnadas antes de celebrarse.El país no se fractura por exceso de debate. Se fractura por la cancelación del otro. Desde el derecho, esto es grave. Desde la psiquiatría social, es estructural. Las cosas no han llegado a ese nivel, pero se dirigen hacia allí.
Primero. Toda democracia descansa en reglas aceptadas por perdedores y ganadores. Sin esa aceptación, la norma es papel. El conflicto se judicializa. La política se penaliza. La opinión se convierte en acusación. Cuando el discurso público desacredita de manera sistemática a tribunales, órganos autónomos y autoridades electorales, el daño es acumulativo. No es un escándalo aislado. Es un patrón. La sospecha reiterada debilita la presunción de legitimidad. Las instituciones viven de confianza. No de fuerza. Un juez puede emitir una sentencia impecable. Si la narrativa dominante afirma que todo juez........
