Cuando el cerebro se vuelve un problema público
CIUDAD DE MÉXICO (apro).-México enfrenta una crisis que no hace ruido, pero lo atraviesa todo. No hay marchas. No hay titulares sostenidos. No hay costos políticos inmediatos. Pero está en todas partes. En el insomnio que se volvió rutina. En la ansiedad que ya no sorprende. En la irritabilidad constante. En el agotamiento que no se va. En la dificultad para concentrarse, decidir y sostener relaciones estables. Se le llama salud mental. Es insuficiente. Es una etiqueta cómoda. Permite hablar del problema sin enfrentarlo. La realidad es más exigente: lo que vivimos es una desregulación neuropsiquiátrica extendida. Un fenómeno con base biológica, efectos conductuales y consecuencias sociales. Y mientras se le siga nombrando mal, se seguirá tratando peor. No es un asunto privado. Es un problema estructural que ya afecta la calidad de nuestras decisiones individuales y colectivas.
Primero. El error es de origen. Se ha decidido explicar lo que es biológico como si fuera sólo emocional. Se prescribe terapia. Se recomienda resiliencia. Se insiste en cambiar pensamientos. Se promueve la idea de que todo depende de la actitud. La terapia cognitivo conductual aporta. Tiene evidencia. Es útil. Identifica distorsiones cognitivas, corrige hábitos, construye estrategias de afrontamiento. Funciona en muchos casos. Pero tiene límites. Y esos límites importan. La terapia........
