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Los izquierdosos, su mayor pecado: la ingenuidad

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03.07.2026

Los mexicanos somos afortunados; nos tocaron unos izquierdosos radicales sólo por fuera, para el consumo público; por dentro son de derecha: dados a la buena vida, la que deriva del dinero mal habido y rápidamente alcanzado. Eso sí, creen que llegaron al Poder y que, por ello, pueden hacer y deshacer.

Nada que ver con la naturaleza de quienes son auténticos revolucionarios: austeros, trabajadores, discretos, moderados e identificados con los obreros, campesinos, indígenas y miembros de las clases bajas.

Nuestros izquierdosos no se han dado cuenta de que el poder (con minúscula) que alcanzaron a través del voto de la ciudadanía, es limitado y que no fue un cheque en blanco que les permita introducir cambios radicales. En el mismo error incurrieron otros izquierdosos: Evo Morales, de Bolivia, y los gobernantes izquierdistas argentinos, entre otros. Disfrazan sus ambiciones personales recurriendo a una ideología de izquierda.

Nuestros izquierdosos ganaron posiciones políticas importantes: llegaron formalmente a la presidencia de la República, cooptaron el Congreso de la Unión, alcanzaron muchas gubernaturas y controlan el grueso de congresos locales, pero no tienen el Poder real que implica, entre otras cosas, la posibilidad de imponer cambios radicales. El poder que deriva del voto ciudadano no es duradero ni total. Cuando más da para cambios cosméticos.

Como lo he sostenido en otras colaboraciones: únicamente el poder que deriva de la violencia es relativamente duradero y general. Por más que se quiera, nunca es total y permanente. La titularidad, naturaleza y alcance del poder está en función de la violencia, general o parcial, del tiempo, prolongado o breve, que se luchó para alcanzarlo. De lo prolongado o breve del ejercicio bélico........

© Proceso