Víctor Corcoba Herrero: «Las cuentas claras y el chocolate espeso»
Está visto que no somos de aquí; y, el que nos ha creado, no ha generado frentes ni tampoco ha elevado fronteras. Únicamente nos demanda amor verdadero, como retoños que somos del verso y la palabra, lo que requiere una conjugación vinculante, de la que ninguno estamos excluidos. En efecto, mi propósito, como el de cualquier ser humano que se precie de justo, es el hermanamiento con el mundo entero. Desde luego, sin el cultivo del afecto como lenguaje, va a ser imposible conciliar pulsaciones y armonizar sentimientos. Además, si la ciudadanía practicase la amistad como vínculo auténtico, tampoco tendría necesidad de la justicia, hallaría la ruta hacia la concordia, en unos tiempos en los que el ruido de la desmembración se hace cada vez más estridente.
Hoy más que nunca necesitamos claridad, bajo una atmósfera alentada y alimentada por guerras, conflictos, desigualdad y miedo. En ocasiones, olvidamos que nuestra vida comienza con un parentesco y es a través de este lazo como crecemos y nos desarrollamos. El mismo entorno, pues, es una familiaridad que une las palabras a las cosas, los nombres a los rostros y a los rastros vertidos. La falsedad, en cambio separa estos talantes, generando desconcierto y equivocaciones. Ojalá aprendamos a reprendernos, a conversar entre sí y con los demás, para no vernos unos a otros como desconocidos, sino como acompañantes. No hay otro horizonte para la paz, que la unión de latidos y la confluencia de miradas acariciadoras, que es lo que restablece relaciones sinceras y lazos estables.
Nuestra distintiva existencia es una coexistencia vinculante que nos enseña a abrirnos, a comprender, a cuidar a otros, a salir de nuestra comodidad y del encierro, a compartir sueños y a partir panes, tejiendo confianza para que nadie se sienta excluido y el compañerismo esté abierto a todos. Es evidente que la cultura del abrazo veraz, ha de ser el culto universal que hemos de fomentar. No bastan los discursos, se precisan acciones concretas ante realidades que nos deshumanizan. Reconciliarnos en familia, poetizar la buena vecindad con hechos reales, reconocer y ayudar a los necesitados,........
