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Víctor Corcoba Herrero: «En los momentos de dificultad; el ánimo se desgaja o se familiariza»

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04.08.2026

La supervivencia nos ha sido ofrecida, para custodiarla y hermanarnos, no para abandonarla y desunirnos. En consecuencia, todo tiene su periodo de crisis y su tiempo de tranquilidad. Lo importante es bucear mar adentro, reconocernos en el oleaje, despertar y advertir que el amor debe ser nuestro pulso diario, que es lo que nos libera, porque la libertad ha de estar en la toma de decisiones que tomemos. Desde luego, cohabitar entre lenguajes desinteresados y corruptos, entre sistemas que generan pobreza y exclusión, entre ambientes salvajes con efectos lucrativos a costa del drama de otros, produce o debe reproducir miedo, dificultándonos el deseo de vivir, al tiempo que nos facilita cualquier tipo de pesadumbres.

Desventurado el ser humano que no tiene quien le acompañe ni la asista, quien le corrija cuando tenga necesidad de ello. Por desgracia, olvidamos que la fuente existencial radica en el corazón. No somos piedras, tampoco seamos pedruscos; salgamos de la indiferencia y pongámonos a batallar, escuchándonos entre sí. Es evidente que la primera condición para salir de los aprietos mundanos, está en fomentar la concordia entre semejantes y en la voluntad de lograrla. Son inútiles las contiendas, lo importante es tomar un respiro para superar las divisiones y las divergencias que, únicamente, la clemencia puede anular. Todas las personas somos, pues, necesarias para poder injertar ese viviente poema armónico; que es lo que conlleva un estilo de comunión y comunidad.

Apartemos los obstáculos que nos enferman y considerémonos parentela de latidos confluentes. Desde luego, aquel que es capaz de dominarse para secar las lágrimas y de sonreír en sus dificultades, es el que ha llegado a poseer la estética cognición, tomando pulso y haciendo pausa. Quizás tengamos que reeducarnos globalmente para poder convivir, puede que sea nuestra gran asignatura pendiente, la de templar el impulso para afrontar las dificultades. Pensemos, que no puede haber grandes tropiezos, cuando abunda la buena disposición del amarse y del amar, desinteresado y auténtico. El querer lo es todo en la vida. Es........

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