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No nos podemos sentir seguros con un gobierno irresponsable y corrupto que ha convertido a España en un polvorín

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03.08.2026

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Sin duda, aparte de otras perturbadoras características, Pedro Sánchez es el presidente de las calamidades. ¿Acaso tiene una varita mágica para provocar catástrofes a voluntad o ha contratado a un mago negro y por eso vienen tan seguidas?  Y mientras los ciudadanos nos sentimos impotentes y huérfanos ante tanta desgracia en esta barca llamada España, sin timón, a la deriva y atacados por todas partes, el inquilino de la Moncloa y amigo de cuanta mala hierba crece, no solo no se conduele, sino que actúa como el dictador y el sádico que es. No puede disimular que el caos es su elemento y se encuentra en su salsa visitando los escenarios de muerte, trátese de volcanes, riadas, accidentes de tren, incendios devastadores o invasiones; y siempre con sus desafortunados y vacíos discursos que aparte de traslucir su falta de empatía están plagados de frases ideológicas para “vestir” su distopía “woke”. Los globalistas, de los que Sánchez es un buen discípulo, son muy dados a utilizar la ingeniería verbal/social orwelliana, que no es otra cosa que emplear y acuñar términos y palabras sin historia para ir permeando sus insensateces deformantes y asesinas. Todo menos hablar claro. En este sentido, no se puede llamar inmigración –y mucho menos migración– y tampoco “crisis humanitaria”, sino invasión; como tampoco se puede hablar de “emergencia climática”, sino de incendios deliberados para arrasar y transformar la riqueza paisajística y el suelo fértil de España en un erial sin vida, atestado de plantas fotovoltaicas y eólicas para convertirla en el pulmón energético de Europa. Quien crea que esto es una hipérbole, no tiene más que consultar el BOE y los boletines de las diferentes comunidades autónomas y provincias. ¡Clavadito!

Por todo esto, no es de extrañar que Sánchez tenga que salir huyendo por pasillos acordonados por la policía mientras le cantan el ya clásico y coreado “hijo de fruta”, la banda sonora original del pueblo, harto ya de tanta palabrería insulsa, abuso y latrocinio. Ni el menor asomo de pena en sus comparecencias sin preguntas, salvo a los cuatro elegidos, palmeros cómplices de todas sus fechorías. No hay que cansarse de decir que, si la prensa oficialista y pagada con el dinero de los españoles no le tapara su macro corrupción, hace tiempo que se hubiese visto obligado a abandonar el sillón.

Es para meditar en serio qué ocurre con este sujeto. Anda como un autómata como si fuese un ser hueco, de plástico o de goma que funciona como un robot al que se le ha implantado un microchip y/o lo controlasen a distancia. Quizá habría que tomar medidas al respecto. Ignoro cuáles, pero debería haber alguna. Es un error que la Constitución no contemple actuaciones en situaciones tan extremas como la que vivimos, en la que estamos llegando a un punto de no retorno. ¡Cómo no se estipuló qué hacer ante un gobierno mafioso aficionado a los pucherazos, con el sueño y la amenaza de perpetuarse en el poder! ¿Qué hacer con un loco? Es una gran laguna.

Sabemos que Pedro Sánchez es gafe, pero si analizamos todas las calamidades, una tras otra, las periódicas y las que nos sirven cada día la UCO y los juzgados, da la impresión de que hay algo que se nos escapa; que estamos ante un complot de unas dimensiones mastodónticas como nunca hemos visto ni somos capaces de imaginar utilizando la lógica y el razonamiento normales. Es cierto que su objetivo es mantenerse en el poder; por placer y por pura necesidad, pues, aparte de seguir robando y promulgando nuevas leyes y decretos, tiene que protegerse del banquillo y quizá de la cárcel; y también para conceder los indultos a diestro y siniestro, como es su costumbre. Y ya va teniendo cola: el exfiscal general, Ábalos quizá, el hermanísimo y la esposa, aunque prefiere que nos refiramos a ella como Begoña Gómez. Hay más nombres, entre ellos el ejemplo a seguir, Zapatero, el de la hipócrita frase........

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