Las ideas de VOX son las del PP antes de la metamorfosis iniciada en 2008, pero es más lo que los une que lo que los separa
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Referente a la facilidad de realizar un fraude electoral, confieso que no había leído la información sobre los riesgos de la utilización del DNI digital para votar, y que el gobierno de Pedro Sánchez había ordenado expresamente que no se exigiese el QR para su comprobación. Estamos ante un hecho gravísimo. Sinceramente, he sospechado de todos los resultados electorales desde que Sánchez llegó al poder. Creo que, desde antes de conocer todos sus antecedentes en materia de fraude, y antes de sospechar de cuántas atrocidades sería capaz a lo largo del tiempo, con todas las instituciones del Estado al servicio de sus intereses políticos y personales, hasta cotas nunca vistas.
He sospechado, igual que muchas otras personas y grupos, del resultado de cada elección de la era sanchista. Así lo expresé en las autonómicas de Extremadura y de Aragón, y en las de Castilla y León, con mucho mayor motivo, aunque lo pasé muy de refilón en la crítica y me limité a hacer una autocita sobre las del 28 de abril de 2019. Decía ayer: “no sé cómo lo hacen, no tengo datos, pero sí muchas dudas”. Hoy tengo muchas más, que incluso galopan hacia la certeza.
Estar en contra de VOX es tendencia. Aparte del relato y de los apelativos de ultraderecha, populista y demás calificativos con el fin de insultar, existe algo mucho más sutil que, de manera inconsciente, nos hace reaccionar alineándonos con la manada. Es un recurso de protección, de supervivencia, aunque no tengamos consciencia de ello.
Y VOX no es un partido políticamente correcto; levanta ampollas porque las verdades del barquero no suelen ser del agrado de nadie. Estorba mucho en una sociedad contagiada de “wokismo”, en la que se puede ser hombre o mujer por elección. Tiene la espada de Damocles encima y sabe que corre el riesgo de ser ilegalizado si muestra una oposición frontal al globalismo. No es una ocurrencia mía. Lo dice el Proyecto Elisa, del CNI, sobre el que ya hemos publicado en este medio.
De entrada –aunque ahora el PP se ha sumado a denunciar lo evidente, y ya era hora–, el partido de Abascal lleva años advirtiendo de las consecuencias de la inmigración descontrolada, que está causando un desajuste social en una amplia variedad de ámbitos, que se sustancian en conflictos de difícil solución. Es una vergüenza que tengamos que celebrar tímidamente efemérides como la Navidad, para no molestar a los inmigrantes; que, por la misma razón, se elimine de los menús escolares la carne de cerdo o lo ocurrido recientemente durante el Ramadán, que nuestros niños tuvieron que comer sus bocadillos a escondidas. Es necesario poner orden a estos desmanes.
VOX es el único partido que se atreve a posicionarse contra la perversa ideología de género y los diferentes flecos que actúan como látigos sociales, con unas consecuencias nefastas para la convivencia; con la particularidad de que, lejos de descender la violencia con resultado de muerte, se ha........
