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El gran misterio de la Sábana Santa al descubierto: forenses y palinólogos demuestran los hechos narrados en los Evangelios

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02.04.2026

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Ya no se comulga masivamente por Pascua Florida, como manda el tercer mandamiento de la Santa Madre Iglesia; pero no cabe duda que en estos días emerge un fervor casi contagioso incluso en aquellos decepcionados o alejados de la fe. Un año más, en estas fechas tan trascendentes para la cristiandad, la sociedad rememora la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret.

Los Caifás y los Pilatos continúan vivos, practicando el despotismo, la corrupción y la mentira, pero nosotros no somos inocentes. Todos nos lavamos las manos ante la injusticia. Hoy, Jesús de Nazaret volvería a ser torturado y asesinado.

Los datos que la ciencia forense y la palinología arrojan sobre el lienzo de Turín confirman la información transmitida a través de los textos bíblicos, tanto los canónicos como los apócrifos. En abril de 2014 publiqué este trabajo que, desde entonces, cada Semana Santa cobra vida para recordar estas evidencias. Por tanto, fieles a esta cita anual recordamos algunos puntos sobre las investigaciones llevadas a cabo sobre la tela que envolvió el cuerpo de Jesús en el sepulcro y las pruebas no solo de su pasión y muerte, sino de ¡su resurrección!

Científicos, intelectuales y religiosos de diferentes credos esperaban el veredicto con impaciencia aquel 13 de octubre de 1988. ¿Era auténtico el lienzo que había envuelto el cuerpo del Nazareno o se trataba de una falsificación medieval? El misterio estaba a punto de ser desvelado cuando el cardenal Anastasio Ballestrero compareció en rueda de prensa para informar del resultado de las investigaciones. Las primeras palabras articuladas supusieron decepción y desánimo para algunos y alborozo para otros. El estudio del carbono 14 demostraba que el Lienzo no era del siglo I, sino que había que situarlo mucho después; entre los siglos XIII y XIV. Por tanto, la imagen de la Síndone no podía ser la de Jesús de Nazaret. La Iglesia, tan comedida en estos tiempos y siempre dispuesta a acatar el dictamen de las autoridades civiles aceptó el dictamen mansamente, alegando que los conocimientos científicos y técnicos del momento habían llevado a esa respuesta. Galileo, símbolo máximo de una jerarquía intolerante, sigue pesando mucho después de muerto, y hay que compensar los errores por exceso de otros tiempos, con la humildad –cuando no sumisión– y la excesiva tolerancia de hoy. (Salvo honrosas excepciones, a los obispos no les gusta pronunciarse en público sobre el Sudario de Jesús –lo sabemos por experiencia–, y mucho menos meterse en honduras).

De alguna manera, se habían quitado de las manos una patata caliente que les abrasaba, pues un veredicto positivo les obligaría a aceptar una verdad de la que muchos miembros de la jerarquía dudan, sobre todo, a medida que se escala en la pirámide. No les gusta hablar de la Sábana Santa que ni siquiera catalogan como reliquia, sino como una pieza arqueológica. Hay honrosas excepciones, entre las que cabe destacar el padre Juan Manuel Igartua que ha profundizado en las particularidades de la Síndone, y el vehemente y enérgico jesuita Padre Loring, a quien conocí y traté, que fue quien despertó en mí la curiosidad por este misterio tan descomunal.

En la rueda de prensa se dejó claro que no se trataba de una falsificación arguyendo que, de haber un autor, este no habría pretendido engañar, sino venerar la figura de Cristo. Estas declaraciones indican que, o bien no habían investigado a fondo la naturaleza de la imagen “impresa” en la tela y los datos que ya se conocían de los forenses y palinólogos, o que actuaron de manera cobarde. La propia ciencia descarta la posibilidad de que alguien, con una técnica sofisticada desconocida, fuese capaz de impresionar la imagen tridimensional.

A pesar de conocer estas investigaciones, se me sigue encogiendo el corazón cuando releo y recuerdo, y siempre me pregunto por qué la Iglesia no es más valiente y propone realizar otros análisis. Muchos estamos seguros de que la Síndone envolvió el cuerpo de Jesús y que forma un conjunto con el Pañolón de la Cámara Santa de Oviedo, sobre todo, tras dictaminar los forenses que los restos de sangre de ambas piezas son del grupo AB. Por eso, cada Semana Santa suelo compartir estas páginas. Por desgracia, dos mil años después, a pesar del mensaje de Jesús, el mundo no ha mejorado. Los Caifás y los Pilatos continúan encarnando el arquetipo, practicando el despotismo, la corrupción y la mentira, al servicio de otro Suprapoder, como el Romano del siglo I. Pero nosotros no somos inocentes. Todos nos lavamos las manos ante la injusticia. Hoy, Jesús de Nazaret volvería a ser torturado y asesinado, y eso, aparte de caérsenos la cara de vergüenza, debería hacernos reflexionar.

Veamos, a grandes rasgos, un histórico sobre los hitos y el estudio de la Sábana Santa:

En 1898, un abogado de Turín, llamado Secondo Pía, se llevó la sorpresa de su vida. Hizo una fotografía de la Sábana Santa para destinarla a la veneración de los fieles. Cuando fue a revelarla vio que tenía ante sus ojos un positivo perfecto en lugar de un negativo lógico. Lo que ocurrió a continuación era previsible porque siempre ocurre lo mismo: se le acusó de fraude, y con gran disgusto ante la injusticia, la cosa quedó ahí. Tendrían que pasar 33 años para que Secondo Pía se pudiese desprender del sambenito de mentiroso. En 1931, Giuseppe Enrié volvió a fotografiar el Sudario con idénticos resultados. Se trataba de una imagen tridimensional.

En 1960, el norteamericano William Frank Libby recibe el premio Nobel de Química por el descubrimiento de un método de medición de la antigüedad del radiocarbono 14, mediante el cálculo de la velocidad de desintegración dentro del llamado “periodo de desintegración del isótopo”, que es el tiempo que tarda en quedar reducida su cantidad a la mitad de la inicial. El carbono 14 tiene un periodo de 5.700 años, por lo cual se puede medir la velocidad de su desintegración y la cantidad que queda del mismo en el momento del análisis. Es un método aceptado por la ciencia de hoy, aunque hay que contar con un margen de error en más menos, aparte de otros aleatorios.

Dicho esto, veamos qué ocurrió con la Síndone: La Iglesia accede a que se examine, y de los siete laboratorios que se presentan, se eligen tres, Oxford, Zúrich y Tucson, por su prestigio reconocido internacionalmente en función del número de pruebas que realizan anualmente.

Se cortaron tres fragmentos de la tela, de dos centímetros por uno, que fueron sellados en sendas cajitas metálicas, con un sello de control y un número. La operación se llevó a cabo en presencia de los representantes de la Iglesia y los laboratorios. Las muestras fueron enviadas al director del Instituto Británico que hacía de mediador. Se enviaron además otras tres muestras de control: tres fragmentos de lino, uno procedente de una tumba de Nubia fechado entre los siglos XII y XIII d. C., un lienzo egipcio del tiempo de Cleopatra, y un trozo de la capa de San Luis de Anjou de Francia, de hacia el 1300.

Para realizar el estudio se empleó la espectrometría de masa atómica. No se utilizó el método de contadores de electrones emitidos por el C 14 radiactivo (cuyo número indica la velocidad de desintegración y así la fase en que esta se encuentra para calcular la fecha), porque se requerían trozos más grandes de tela, lo cual era inviable sin destrozar la Síndone. El método empleado, en cambio, sí permite utilizar fragmentos pequeños como los de la muestra, y consiste en bombardear los retazos con iones de cesio para ionizar el carbono. Con un acelerador de partículas se hace incidir el haz de iones sobre el espectro y se miden los isótopos y su proporción y........

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