El día de la mujer trabajadora ha perdido su función para convertirse en el día de la mujer antifemenina, gritona, enemiga de los hombres, y poco equilibrada
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El alboroto carnavalesco de hembristas gritonas que salen a la calle cada 8 de marzo mostrando la peor versión de sí mismas poco tiene que ver con la defensa de la mujer; algunas incluso con burka y hiyab, que ya es el colmo, financiadas con nuestros impuestos y con la ayuda del falso filántropo George Soros a través de su archiconocida Open Society y alguna que otra organización sembradora de caos. Este aquelarre es una caricatura del movimiento primigenio en defensa de derechos justos e igualitarios. La manipulación y politización hasta extremos vergonzosos de esta “no igualdad» sino “desigualdad” a base de privilegios, incluso el de mentir que reclaman para ellas, ha hecho que muchas demos la espalda a esta suerte de saturnales y nos enfrentemos con la pluma, la palabra y el voto a esa doctrina totalitaria y a sus voceras.
Las mujeres que dieron lugar al origen de esta reivindicación no se sentirían nada orgullosas de la deriva que ha tomado este acto conmemorativo en honor a la Mujer Trabajadora. Las más de cien mujeres que fallecieron en el incendio de la empresa de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York, debido a una total carencia de seguridad en el trabajo, nada tienen que ver con estas exhibicionistas; como tampoco con las que sufren opresión en los países africanos y asiáticos, muy en especial en Irán, donde la mujer es asesinada por no llevar el “rusari” bien colocado. El caso de Mahsa Amini, asesinada en las dependencias policiales de Teherán, tras ser detenida por la policía de la moral, dio la vuelta al mundo, pero se pueden contar por miles. Sin embargo, ni una palabra de condena por parte de las feministas españolas expertas en griterío y algaradas.
¿Pero qué significa ser mujer liberada? No está de más un poco de reflexión en este día sobre lo que representa, según el feminismo radical, ser mujer liberada, y, de paso, hacer un poco de historia y ver cuál es el origen de esta paranoia, y los ideólogos que la sustentan.
Nuestras predecesoras, a base de lucha y constancia, han ido desbrozando el camino hasta conseguir la total equiparación con el hombre. Sin embargo, esta igualdad soñada ha llegado en forma de ideología totalitaria discriminadora. Concepción Arenal, Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán –por citar a tres gallegas ilustres feministas—, se sentirían muy traicionadas con este esperpento del género que trufa toda nuestra actividad social. De estar vivas, serían marginadas lo mismo que Lidia Falcón y otras por el simple hecho de denunciar el error. La lucha no era para que nos convirtiéramos en disminuidas que hay que tutelar y cuidar especialmente como si fuéramos medio bobas y tuvieran que regalarnos los puestos por cuota. Tampoco para convertirnos en mujeres objeto y exhibir de manera chabacana los atributos femeninos siliconados.
Nos han entregado un paquete “feminista” adulterado y contaminado con ideologías que tienen poco que ver con el avance de la mujer en la sociedad, y sí con teorías e ideas disparatadas, contranatura, gestadas en mentes desequilibradas con inclinaciones sexuales atípicas y desviadas, amén de conceptos errados sobre la familia. Suelo poner como ejemplo las vidas de los que he denominado iconos del disparate: Margaret Sanger, Margaret Mead, Alfred Kinsey, y toda una retahíla de excéntricos adalides de la Cultura de la Muerte, pero excéntricos influyentes en el mundo cultural y universitario de un sistema podrido, que deberían haber sido tratados por profesionales de la salud mental y no como entes paradigmáticos.
El análisis de........
