¿Enfermedad grave o estrategia de manipulación? ¿Qué está pasando con Pedro Sánchez?
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No es necesario estar enfermo físicamente para mostrar la cara cetrina y vampírica que presenta el presidente del gobierno. Si la cara es el espejo del alma, su semblante refleja una dolencia realmente grave, pero del alma, en el caso de que no sea un simple cascarón andante, que todo es posible. ¡Y esto no se arregla con pastillas, operaciones y visitas a hospitales! En su caso, bastaría con dejar de hacer pactos con el diablo.
Lo que sabemos hasta ahora, aunque no de manera oficial, sino a través de una exclusiva del periodista Miguel Ángel Pérez, publicada en su canal Medidas cautelares y en Libertad Digital es que el presidente Pedro Sánchez padece una dolencia cardiovascular que se está tratando desde hace tiempo en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, y que está siendo atendido por el equipo de Cardiología que dirige el doctor José Luis Zamorano. Ante esta información, secundada por algún otro medio, ni la Moncloa, ni el hospital se pronunciaron al respecto. Es decir, ni desmentido, ni confirmación oficial.
Nuestro pensamiento al ver la noticia fue: “vaya, así tiene esa cara, que ya no se sabe si es el yerno de Sabiniano, un clon de película futurista, o un tipo con una máscara de látex”. Eso fue lo primero que vino a mi mente. Lo segundo fue: “bueno, de una manera o de otra, a todo el mundo le llega su justicia y, además, ningún cuerpo es capaz de resistir tal dosis de estrés continuado”. ¡La Maldad surte sus efectos! También recapacité sobre su chulería innata y, aparte de que sus modales sean de matón pandillero de barrio, tanta prepotencia, a pesar de los delitos que acumula, no se entiende, y podríamos interpretarlo como una proyección de su propia debilidad. La siguiente fue –y no la descarto– que era una estrategia de sus “Ivanes Redondos” de turno, tan avezados en manipulación de masas, para provocar un sentimiento de pena, y así minimizar la crítica, y, por otro lado, capitalizar las afrentas del adversario. La sociedad no perdonaría que periodistas y políticos continuasen apaleando a un pobre enfermito. Ni siquiera los jueces se atreverían a imputarlo, cosa que está viendo venir, y mucho menos a meterlo entre rejas. Es decir, la jugada de transmutar la indignación ciudadana en compasión y culpa.
En virtud de este análisis, caben dos interpretaciones: primera, que, en efecto, Sánchez tiene una dolencia cardiovascular, con su tratamiento correspondiente, y acude regularmente al cardiólogo; y segunda, que no existe tal enfermedad y solo se persigue un efecto victimista.
Continuamos con el razonamiento: a Sánchez le caen por todas partes y no sabe dónde meterse. Le abuchean, le silban, le insultan, viéndose obligado a salir corriendo protegido por sus escoltas. Si no fuera así, acabaría linchado. No es de extrañar que, en lugar de estar al pie del cañón, prefiera contemplar de lejos el desmoronamiento programado de España, y se apunte a viajes y cumbres internacionales para mantenerse ocupado y tener justificación, al tiempo que hace amigos de países lejanos por si tuviese que huir. Ojo, cuando el sistema........
