El último deseo
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Estaba paseando por una desierta playa, cuando en mi ensimismamiento tropecé con lo que parecía ser una antigua lámpara de aceite. Entonces, recordando el cuento de “Las mil y una y noches”, procedí a frotarla, a ver si de ella salía un genio de esos que te conceden tres deseos.
Efectivamente, tras unos minutos, salió una especie de humo blanco que, poco a poco, adoptó la imagen de un diablo, el cual no tardó en conminarme a que le pidiese tres deseos.
Mi primer deseo consistió en pedirle no volver a ver sufrir a nadie más en el mundo. Y el genio me dejó ciego.
Un tanto molesto y receloso, le pedí no volver a oír nunca más los lamentos y quejidos de todos aquellos, especialmente niños, que sufren hambre y sed de pan y justicia. Y el genio me volvió sordo.
Finalmente, le pedí mi último deseo: Comprender el porqué del dolor en el Mundo… Y ahí, el diablo se esfumó.
Entonces una especie de nube me envolvió, y arrastrándome como un torbellino, me depositó en lo alto de un monte, donde había un hombre crucificado que con compasión me miraba a los ojos.
En ese momento me di cuenta que había recuperado el sentido de la vista y el oído, Pero no oía nada; tan solo el viento. Mientras, mi vista recién recuperada, permanecía cautiva por la compasiva mirada del Crucificado.
¡Compasión! ¡Aquel que tanto dolor estaba sufriendo, me miraba a mí con compasión!
No entendía nada, pero tampoco lo necesitaba, porque, en ese momento, una sensación de paz infinita invadió todo mi ser, haciéndome sentir más vivo que nunca. Fue como un despertar; como el salir de un mal sueño; de una triste película en blanco y negro; de un drama del que yo era........
