La IA, sus amos y nosotros
La inteligencia artificial es ya una de las cinco o seis grandes tecnologías de la historia de la humanidad, o está llamada a serlo. El manejo del fuego, la escritura, la rueda, la máquina de vapor; en esa liga de tecnocampeones juega. Es un gamechanger, una de esas invenciones capaces de derrumbar una era e iniciar otra; de revolucionar la economía y, de resultas de ello, también la sociedad, la política, nuestra misma antropología. No fuimos los mismos seres humanos después de que se inventaran y se popularizaran el tren o el teléfono, posibilitando viajes de ida y vuelta en el día a ciudades lejanas o conversar con gente a la que no tuviéramos delante; y tampoco lo seremos si la IA se consolida y se extiende. Eliminará puestos de trabajo, creará otros, generará tensiones y quizás guerras mientras destapa nuevas y asombrosas posibilidades del ingenio humano. Su megamente enjámbrica y febril ya hace cosas como resolver la conjetura de Erdős —un reto matemático planteado en 1946—, optimizar compuestos existentes para crear antibióticos más potentes o diseñar radiofármacos más eficaces contra el cáncer. Pero la........
