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¿Queremos los republicanos realmente la República?

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13.04.2026

Álvaro de Albornoz no tenía buena opinión de los republicanos. Él lo era —de la cofradía de los radicales de Lerroux—, pero no se hacía ilusiones con respecto al material humano que le rodeaba. En 1916, trazaba esta cruda caracterización del desempeño de los enemigos de la monarquía después del fracaso de la Primera República y durante la Restauración:

"En irreductible oposición con las masas, Castelar; jefe de una escuela social más bien que político, Pi; e indeciso y vacilante Salmerón entre los estímulos de su conciencia y las solicitudes de la calle, puede decirse que toda la actuación republicana durante treinta años es progresismo puro. La misma vana y pomposa declamación, idéntico prurito de los problemas abstractos y de los principios generales, la misma falta de sentido político, igual incompetencia técnica, el mismo funesto espíritu de división y discordia. La misma falta de civilismo, la eterna nostalgia de la conspiración y el pronunciamiento, la misma sumisión al caudillismo bereber. Como el progresismo tuvo la espada de Espartero y después la de Prim, el republicanismo progresista lleva cuarenta años esperando ver surgir la República de la espada triunfadora y radiante de un general fortuna".

Un siglo y un decenio después, no hay que salvar muchas distancias, ni modificarle muchas palabras, para que el párrafo le vaya como un guante al republicanismo de 2026. 

La historia no se repite, pero en cierto sentido, la historia sí se repite. Tiene cada era sus fuerzas y sus afanes, sus sueños, su palabrería; y, claro, sus líderes. Pero por bajo de todo eso que va cambiando, hay una antropología que no lo hace. En cualquier momento de la historia hay seres humanos de una serie de tipos psicológicos que sí........

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