Fronteras, poder y movilidad humana en el siglo XXI
Ceuta como escenario del espectáculo post-moderno:
La crisis de Ceuta no puede comprenderse únicamente mediante indicadores de llegadas, controles fronterizos o estadísticas migratorias. Constituye un fenómeno complejo donde convergen desigualdades globales, relaciones poscoloniales, estrategias geopolíticas, políticas de seguridad y profundas transformaciones del Estado contemporáneo.
Las fronteras ya no representan únicamente líneas territoriales que delimitan la soberanía de los Estados. Se han convertido en espacios donde se decide quién puede circular, quién merece protección, quién puede acceder a derechos y quién queda expuesto a la exclusión o incluso a la muerte. Desde esta perspectiva, la frontera constituye un dispositivo político que organiza la movilidad humana de manera profundamente desigual. Por ejemplo, Étienne Balibar argumenta que las fronteras están en todas partes, las fronteras contemporáneas ya no coinciden únicamente con el límite físico entre Estados, las fronteras se desplazan, aparecen en aeropuertos, consulados, bases de datos biométricas, centros de internamiento, acuerdos internacionales e incluso dentro del propio territorio europeo. La externalización en este sentido constituye precisamente una manifestación de este fenómeno.
La frontera europea ya no comienza únicamente en Ceuta, empieza también en Nuadibú, Dakar, Tánger o Trípoli mediante acuerdos de cooperación y dispositivos de vigilancia. Esta expansión poscolonial modifica y cuestiona a su vez profundamente el concepto tradicional de soberanía. La frontera deja de ser una línea en un mapa para convertirse en una red transnacional de control.
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