Nadie te va a salvar, Mazón
De repente, ya no eres el puto amo. Chas. Fin del truco, de la magia, de la noche; los hielos de la pila se derritieron hace rato y arrastraron el encantamiento sensual del poder; las luces se han vuelto blancas, clínicas, estériles, serias, y dejan ver los lamparones del sofá que pagarás mañana con la cruel resaca. Estabas en un reservado y ahora esperas en la cola del médico tan triste, tan roto, tan hueco, tan arruinado; hace dos años te hubieran colado, habrías sido el primero en llegar y el primero en irte, pero ahora nadie coge el número de ese teléfono tuyo que antes no paraba de sonar para pedirte asesoramiento o directamente permiso; “mira, Carlos, tío, ven a ver esto”, te decían y tú sonreías, te ponías contento, te sentías parte de la banda e incluso su líder, y eso te divertía, te excitaba. Todo para ti era sexo, Carlos; o sea, todo para ti era poder. Ahora vuelve a ser como en el colegio, piensas, y los........
