Los pijos y la imaginación popular
El reguetón surge en los garajes de Puerto Rico hace ya más de treinta años; en una Puerto Rico, por cierto, que no era la isla gentrificada y abrasada por el turismo europeo y yanki de los que se creen caribeños aun con acento toledano, sino un lugar peligroso, sometido por el colonialismo del tío Sam y donde las oportunidades para salir de la miseria se medían con cuentagotas. En ese contexto, artistas como Vico C, Yankee o Baby Rasta fusionaron el dancehall de los negros con el hip-hop urbanita y el reggae jamaicano para crear un sonido que se midiera con el movimiento de las caderas y la celosía de las lenguas; una música directa, guarra, histriónica, violenta y sudada que se hacía desde la calle y para la calle, del pueblo para el pueblo; un estilo único y genuino, pintado a trazos largos por gente que quería presumir de pistolas y culos gordos.
Sin embargo, la cosa se internacionalizó y otros mercados musicales – o sea, el europeo y el americano – comenzaron a exigir este fresquísimo producto, pero........
