El taichí de Ortega Cano
Da bastante rabia y bastante lástima que nuestros grandes artistas no sean valorados en su momento, no digamos ya que sean blanco de la incomprensión y las burlas del público. Ha sido siempre así, desde que Góngora descoyuntó el castellano en endecasílabos hasta que Picasso descoyuntó la realidad en cubitos. La misma gente -ignorante como ella sola- que se reía de las perífrasis y los hipérbaton de las Soledades, se cachondeaba tres siglos después de los caballos y los toros descuartizados en el Guernica. Puesto que la incultura no conoce límites, estos días Ortega Cano ha sufrido un desprecio similar con su soberbio ballet taurino en la iglesia de San Antón de Madrid. La peña es que no tiene ni puta idea de toros.
A decir verdad, no estoy seguro de que lo que hizo el otro día Ortega Cano fuese un espectáculo taurino, un ballet cubista o un tutorial de fisioterapia. Después de abrir cuatro veces la Puerta Grande de Las Ventas, el cartagenero se retiró de los ruedos para dedicarse a las carreras de coches y a las tertulias de la prensa rosa, por lo........
