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Decálogo para un decreto de emergencia por la vivienda

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22.07.2026

Llevamos demasiados años hablando de la crisis de la vivienda como si fuera un fenómeno transitorio e inevitable. Como si el aumento del precio de los alquileres, los desahucios, la expulsión de vecinos de sus barrios, las compras de viviendas a tocateja o la imposibilidad de emanciparse fueran consecuencias naturales del mercado y no el resultado de decisiones políticas que inciden en el funcionamiento del propio mercado.

Sin embargo, "la vivienda" no se ha convertido en el principal factor de desigualdad por casualidad. Se ha convertido porque durante décadas se ha protegido y fomentado más el derecho a especular que el derecho a habitar. El mercado inmobiliario ha sido capaz de neutralizar los esfuerzos redistributivos del propio Estado.

Cada vez que la legislación ha intentado cerrar una vía de negocio, el mercado ha encontrado otra o lo que es peor, desde los poderes públicos se les ha concedido una salida. Primero fueron las ventas masivas de viviendas públicas a fondos de inversión, después llegaron los pisos turísticos. Más tarde aparecieron los falsos alquileres de temporada. Y cuando éstos empezaron a cuestionarse, proliferó el alquiler por habitaciones convertido en un mecanismo para multiplicar la rentabilidad. La especulación se ha sofisticado y el rentismo -tanto el profesional como el aspiracional- está absolutamente desatado, fomentado y promovido por algunos poderes públicos. A nivel autonómico, la dejación de funciones es tan obscena que comienza a tener visos delictivos.

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La política de vivienda no puede seguir llegando siempre tarde y tímidamente. Hablamos de una infraestructura de seguridad democrática y en ese sentido bienvenidas sean todas las iniciativas tendentes y robustas para apuntalarla. Necesitamos vigas de hierro, que no se las lleve el viento cuando el lobo sople.

En las últimas semanas se ha anunciado por parte del Gobierno de coalición, la intención de aprobar un nuevo Real Decreto de medidas urgentes para sofocar la situación. Son ya demasiados los anuncios cuya música suena bien pero que a la hora de la hora o no se implementan, se hacen........

© Público