Antes del brillo la ciudad debe volver a respirar, el reto de ordenar lo esencial
Las elecciones subnacionales de este domingo 22 de marzo encuentran a Cochabamba ante una decisión que no debería reducirse a nombres, siglas o promesas de campaña; elegir alcalde y gobernador implica definir qué tipo de ciudad y qué tipo de territorio queremos sostener en los próximos años. El Órgano Electoral Plurinacional fijó esa fecha para las Elecciones Subnacionales 2026, mientras la Ley 533 mantiene vigente la Región Metropolitana Kanata como espacio de planificación y gestión, recordándonos que la política local no puede seguir pensando en fragmentos aislados.
En el municipio de Cochabamba, el nuevo alcalde debería asumir una verdad elemental: gobernar no es inaugurar obras estrella mientras lo esencial se desmorona; el agua debe ser la prioridad absoluta, junto con drenaje pluvial, redes, residuos y mantenimiento barrial, solo después corresponde discutir transporte multimodal, sin priorizar el automóvil solamente, siempre articulado a la estructura ecológica, al peatón y a una estética urbana que no destruya paisaje, memoria ni espacio público; como enseñó Henri Lefebvre, filósofo y sociólogo francés, el espacio es una producción social, y por eso una ciudad mal ordenada también reproduce desigualdad e inseguridad ciudadana. A esa agenda debe sumarse la basura, K’ara K’ara se volvió el símbolo de una ciudad rehén de bloqueos, presiones y negociaciones de emergencia, las gestiones recientes para el tratamiento integral de residuos abre una oportunidad, pero no debería traducirse en una carga ciega para la ciudadanía, bien gestionados, los residuos pueden autosostenerse, generar valor, empleo e impactos socioambientales positivos; en anteriores años, la crisis por el acceso al botadero y la posterior licitación mostraron que postergar decisiones estructurales terminaron costando más.
También urge regular el mercado de tierras, el avance de loteadores, urbanizaciones ilegales y asentamientos fuera de norma; ha degradado suelos, presionado servicios y debilitado la autoridad pública, David Harvey, Geógrafo y sociólogo inglés, advirtió que la urbanización puede convertirse en un mecanismo de acumulación por desposesión cuando el suelo se trata solo como mercancía. En nuestro contexto, esa lógica aparece cuando se tolera la ocupación irregular, se premia el hecho consumado y se deja que el crecimiento urbano vaya detrás de la especulación en vez de ser conducido por planificación; a ello se suman asentamientos comerciales informales en el espacio público, inseguridad ciudadana y una cultura urbana débil, visible por ejemplo, cuando las torrenteras se convierten en basureros y luego las lluvias transforman esa irresponsabilidad en inundaciones; Jordi Borja, geógrafo urbanista, y político español, recordó que el derecho a la ciudad exige espacio público ordenado, accesible y vivido con responsabilidad colectiva, sin cultura ciudadana, sin norma compartida y sin autoridad consistente, ninguna inversión urbana alcanza a convertirse en bienestar duradero para los barrios ni en convivencia democrática.
La Gobernación, por su parte, debe mirar más allá de la capital, su escala es la metropolitana y también la del Valle Bajo, el Valle Alto y otros territorios; gobernar Cochabamba exige articular agua, movilidad, residuos, producción y ecosistemas como sistema territorial, la elección de este domingo debería servir para eso: dejar la política de la obra vistosa y volver, por fin, a la estructura profunda que hace posible la vida común de toda la región.
CULTURA, ZOOCIUDAD Y TERRITORIO
JAIME ALZÉRRECA PÉREZ
Docente investigador IIACH- UMSS
