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Pasemos a otro tema

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28.02.2025

Un relato personal sería fácil. Enero y febrero han sido meses de trabajo, conciertos, canciones, proyectos iniciados, encuentros y despedidas, pero siempre acompañados por la duda colectiva del cubano: ¿qué pasará mañana?

El año comenzó con la celebración habitual y con la promesa de que, a partir de 2025, todo iba a cambiar. “¿Hacia dónde?”, preguntamos. “¿Quién de nosotros, que estuvo en el futuro, nos cuenta sobre cómo es vivir sin incertidumbre?”.

Cuando uno celebra, olvida que existe el miedo y el dolor. Alcanza un estado delirante, y la alegría nos embriaga al punto de abrazar a desconocidos; creer que amas unos ojos que no habías visto antes y que, sin duda, no verás después.

Inexplicablemente, todas las farolas de los barrios estaban encendidas cuando llegó el año nuevo. Por unas horas, nadie habló de déficit ni de “compleja situación”, el glamuroso eufemisto que cubre un “sálvese quien pueda”. Allí, en esa fotografía del tiempo, sentimos alivio y paz.

Pero la vida es........

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