De algo perdido
Vivo en la incertidumbre de mí. Acaricio esta bruma a ratos dolorosa. Es fácil sospechar que a ella me debo.
Espero noticias de tu vida. Estas son una alegría y un sentimiento que nada puede suplantar. Quienes te hagan feliz son mis cómplices.
Estoy contigo natural y fielmente, cosa que no altera mi soledad, o la tuya, porque entre otras cosas, ahora es tiempo de andar solos y de seguir el hilo del Ovillo. Me figuro nuestra cercanía, hoy inmensa y entrañable, como una música que flota en el aire sin romper el silencio de la soledad.
Finalmente hablamos por teléfono, después de cinco años, hablamos por teléfono como treinta minutos. Pero hubo algunas pausas en las que yo no sabía qué decir. Entonces. En uno de esos silencios me dijiste: “Es que ustedes son extraordinarios…”. Aquí se hizo otro silencio, más largo, y dijiste después: “Y yo también soy extraordinaria… pero ustedes son los únicos que lo saben”. Luego colgué, temblando como una hoja, entre náuseas y espumarajos.
Durante veinte años has vivido lejos de mí. Esto para nuestra amistad ha significado todo, y nada, una angustia prolongada, a veces aullante, superior a nuestras fuerzas. Siento que hemos andado juntos muchas veces todo este tiempo. Hemos pasado tal vez una gran prueba.
Dicen que cuando Mananan —dios del mar del........
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